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Cooperación y el dilema del prisionero

Construir una sociedad tan compleja como la nuestra, ha llevado su tiempo pero también un ingrediente esencial del que carece cualquier otra especie sobre la misma escala, la cooperación.

Si bien es cierto que las células de un organismos se coordinan para limitar su división y prevenir la aparición de cáncer, también es cierto que la cooperación existe en otros niveles: las obreras de numerosas especies de hormigas sacrifican su propia fecundidad para servir a la reina y su colonia; las leonas de una manada amamantar a los cachorros de otras. Sin embargo, ¡los humanos cooperamos en un sinfín de actividades!

Tras el terremoto del 19 de septiembre en México, la sociedad civil organizada fue responsable del mayor acto de cooperación que en nuestros días se haya visto.

¿Por qué?

¿Qué es lo que impulsa este comportamiento? Es claro que no todas las situaciones de cooperación son de vida o muerte, afortunadamente. También es evidente que las sociedades que se ayudan entre sí, obtienen grandes ventajas sobre los grupos menos cooperativos. Y de aquí se desprende el dilema del prisionero o teoría de juegos:

Cada jugador o prisionero en este caso, debe decidir si otorga o no un beneficio x a su compañero. Para ello, tiene que estar dispuesto a sacrificar y, donde y<x. Sin embargo, si ambos prisioneros cooperan, cada uno obtiene un beneficio neto x-y. Por otro lado, si ambos deciden no cooperar, ninguno logra nada.

Si uno coopera y el otro no, entonces el último consigue un beneficio neto x pero el cooperador paga un coste y, es decir, pierde más de lo que gana.

Al analizar todas las opciones, lo más conveniente para cada jugador es no cooperar, ya que, haga lo que haga el compañero, esa estrategia siempre proporcionará un beneficio mayor que cooperar aunque ello implique una ganancia nula en lugar del beneficio de x-y que habrían logrado en caso de ayudarse.

Toma y Daca

En diferentes investigaciones, aplicando la teoría de juegos, se observa que el comportamiento egoísta es protagónico en el inicio pero, según se avanza en la interacción, el comportamiento desleal evoluciona hacia una conducta generosa, mecanismo que en teoría de juegos se conoce como “toma y daca”.

En una comunidad integrada en su mayoría por cooperadores, el cambio se da con mayor rapidez. Incluso, se observó un siguiente paso en la evolución; una estrategia de reciprocidad directa que permite a los involucrados pasar por alta un error esporádico: el perdón.

 

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