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La Casa de los Azulejos

Uno de los más hermosos edificios del país, si no es que el más, está cubierta de cerámicas de talavera, al más puro estilo poblano. Es la Casa de los Azulejos,  un palacio ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Distinguido por su estructura y por los trabajos que se ejercían ahí durante la época colonial.

Su cubierta de azulejos de talavera poblana recubren completamente la fachada exterior del edificio, una de las más bellas joyas del arte barroco novohispano. Durante el periodo colonial fue la residencia principal de los Condes del Valle de Orizaba, hasta la Independencia de México, incluyendo los primeros comienzos del siglo XIX.

El edificio original ya existía desde el siglo XVI, conformado por la unión de dos casonas, ubicadas una el norte y otra el en sur. Don Luis era hijo del Primer Conde del Valle de Orizaba, Don Rodrigo de Vivero y Aberrucia,  Gobernador de la Nueva Vizcaya y Capitán General de las Islas Filipinas.  Don Rodrigo hereda una de sus propiedades que se encontraba anexa a la casa a su hijo (la casa Norte), por lo que Don Luis fue el primero de los condes en habitar ambas, mandando a reparar, aunque no le dio el aspecto que actualmente posee el inmueble.

El aspecto actual del palacio se debe a Doña Graciana Suárez de Peredo, quien ostentaba el título de la Quinta Condesa del Valle de Orizaba.Desde su casamiento hasta la muerte de su esposo en 1708, toma la decisión de regresar a la capital del Virreinato de la Nueva España, y hacer uso del inmueble.

Viendo la Condesa, el estado de deterioro que tenía el palacio y otras propiedades que poseía en la ciudad, se ve en la necesidad de solicitar la reparación de todas ellas. Especialmente fija su atención en la residencia que deseaba ocupar y para la cual planea embellecer. Los trabajos no serían solo la cantería, sino que ordena al arquitecto que la fachada del edificio sea totalmente recubierta con azulejos poblanos.

En el año de1917, el palacio es rentado por los hermanos Walter y Frank Sanborn, para establecer en dicho lugar una de las cafeterías más concurridas de la ciudad en aquel entonces. Catorce años después, el edifico es declarado monumento nacional, asegurando preservar el inmueble como una hermosa muestra del patrimonio de México.

Finalmente, en los años setentas, el edificio fue adquirido por la cadena Sanborn’s a la entonces dueña, la señora Corina de Yturbe dando al palacio una reestructuración. El inmueble había sido dañado por los sismos, el crecimiento de la ciudad y el asentamiento de los edificios circundantes.

Hace unos años, se logró restaurar en el segundo nivel, el salón original del Jockey Club, rescatando sus colores originales. Hoy, el edificio constituye uno de los principales símbolos de la ciudad, uno de los principales puntos turísticos y de referencia de sus habitantes, y un orgullo para todos los mexicanos.

 

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