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Museo Casa De La Bola: Un lugar con leyenda

Todo deja huella a través de la vida, las personas, los sucesos y también los lugares. Este es el caso de la Casa de Bola, que actualmente funge como museo en la Ciudad de México, viendo el tiempo pasar en Parque Lira.

Esta casona fue construida en año 1600 y desde esa fecha hasta hoy, se conoce ha tenido 19 propietarios, todos ellos ricos y poderosos.  El primero de ellos, quien ha registrado de la Casa de la Bola, fue un inquisidor llamado Francisco de Bazán y Albornoz. Al día de hoy, La Casa de la Bola se ha convertido en museo, donde aun se palpa la presencia de quien fuera su último poseedor, don Antonio Haghenbeck.

Don Antonio era un experto conocedor de arte y antigüedades, además de coleccionista de muebles, pinturas, esculturas y cualquier forma de arte. Visitó innumerables museos, exposiciones, castillos y palacios particulares. Sus conocimientos le hicieron pensar que sus casonas de México tendrían formas similares.

Cuando Don Antonio adquirió la casa, la decoró según la moda de la época, con esencia muy colonial y un estilo ecléctico de mitad del siglo XIX. La casa era considerada como una residencia campestre, y aunque allí se producía aceite de oliva, nunca pudo llamarse propiamente hacienda. La finca contaba con un magueyal del que se extraía pulque para consumo casero y algunas ventas.

Lo primero en extasiar a sus visitantes, tras el imponente portón de madera, es un fastuoso patio colonial. Del su lado izquierdo, se abre a los ojos una escalinata que conduce a un corredor con cristalería. La casona cuenta con once inmensos salones, y dos grandiosas recámaras, una llamada de verano y la otra, ostentosa, de invierno. Cuenta con pinturas de María Antonieta, Luis XVI y de Maximiliano y Carlota.

Este extraordinario recorrido lleno de historia, leyenda y arte, puede transportar a cualquiera a otra época. Es sustancial visitar nuestros lugares, pues en ellos se han gestado las parte de nuestra historia, pero sobre todo, porque gozan de una belleza tal, que admiradores de todo el mundo han venido a ser testigos. No existe palacio francés que haga intimidar la hermosura arquitectónica que hemos tenido el privilegio de poseer los mexicanos.

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