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Quien en pan piensa…

Las panaderías de nuestro país gozan de fama internacional, pues en sus hornos se preparan los más deliciosos panes, y en sus aparadores se muestran abundantes  cerros de creaciones artesanales. Cada uno de los panes que encontramos son hechos a mano, todos ellos desiguales, y buscamos aquel que más antoje a nuestros ojos. Aquí, los bizcochos, las conchas y los cuernitos, no solo forman parte de una mesa muy bien puesta para la cena, sino que pertenecen a nuestra cultura mucho más profundamente.

¿Cuántas veces no hemos oído el clásico piropo de “güera, a que hora vas por el pan”? Resulta ser que hace mucho tiempo, antes del Facebook, las jovencitas iban en la tarde a comprar el pan para la cena y los muchachos esperaban verlas caminar. “Ir por el pan” era el pretexto perfecto para los encuentros amorosos.

Pero nuestra panadera cultura comienza hace mucho tiempo, como la mayoría de lo nuestro, con el encuentro entre indios y españoles. Al llegar Hernán Cortés  a Tenochtitlán, se encuentra con el maíz, producto que no les sentaba tan bien como esperaban. Entre sus soldados, un negro de nombre Juan Garduño se encargaba de sembrar y cosechar los granos de trigo traídos desde el viejo continente. Pronto el trigo se convertiría en una industria de gran producción y comercialización, adoptada por la nueva raza americana.

Pero existe una confusión, pues no es panadero el que hace el pan, sino el que lo vende. Quien trabaja el pan recibe el nombre de tahonero, como lo dicen los maestros panaderos, por ejemplo, de La Vasconia, la panadería más antigua de la Ciudad de México, que data de 1870. En manos de españoles inmigrantes en la Ciudad, o mexicanos en el pueblo, la panadería en nuestro país no tiene parecido. Tanta tradición hay en cada bigote, campechana, concha, garibaldi, cuerno, bizcocho, que en ella surgen las familias, las anécdotas, los chistes, como el de aquella mujer con prisa que le pide al panadero tres conchas, un garibaldi y dos calzones. Al ver que venían saliendo del horno unos besos calientitos, le pide al panadero “mejor quíteme los calzones y póngame unos besos”. ¿Sabías que hasta mediados del siglo XX, las panaderías se modernizaron incluyendo charolas y tenazas de autoservicio? Antes, el cliente pedía en el mostrador. Increíble la gran variedad de productos que se pueden obtener a partir de huevo, harina y azúcar.

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