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Colores que matan: arsénico

Había una vez en 1775, un químico sueco llamado Carl Wilhelm Scheele, quien además de haber aislado por primera vez los elementos oxígeno y cloro, también había identificado por vez primera otros cuatro elementos: bario, manganeso, molibdeno y tungsteno.

Así, un buen día, trabajando en su laboratorio preparó un pigmento verde que posteriormente, sería bastante popular y codiciado en el mercado. Fue conocido como el verde de Scheele cuya fórmula estaba basada en arsénico y cobre.

Sí, ese mismo arsénico que ha sido elemento protagónico entre los Borgia para quitar del medio a más de un enemigo, el mismo que habrán usado los nobles para adelantar el momento de la herencia y ese mismo que se utilizó como estrategia para “eliminar indeseados problemas” entre matrimonios, novelas y fauna nociva.

Bien, pues resulta que este pigmento, arsenito ácido de cobre, pronto fue utilizado en pinturas, en la industria textil e industria papelera, obteniendo gran protagonismo con el papel tapiz. Primero fue verde de Scheele, luego verde París, verde Veronés, etc. Si bien, la fórmula fue modificada y mejorada, siempre tuvo como ingrediente principal al arsénico.

Los impresionistas se entusiasmaron con la belleza del verde, pero también lo hicieron las señoras que estrenaron nuevos vestidos con este hermosos color. Leer nunca fue tan atractivo como cuando el verde resaltaba las ilustraciones. También fue utilizado para dar color a velas, jabones y claro, los modernos empapelados en el hogar. Se estima que para 1830 la producción del codiciado papel tapiz llegaba al millón de rollos al año y para 1870, ¡la cifra se multiplicó por 30! Probablemente, el arsénico nunca fue tan deseado en la historia de la humanidad como en este periodo de verdes matices.

En 1857 un doctor de Birmingham ya advertía al mundo sobre los peligros del papel teñido de verde. Ya en alguna ocasión un niño, atraído o no por el papel, lamió estas nocivas tiras y de milagro salvó la vida, decía en su estudio.

Probablemente, chupar o lamer el papel no es la única forma posible de envenenamiento sino que también existe la teoría de que pequeñas partículas de pintura descascarillada podía entrar en el sistema respiratorio como si fuesen motas de polvo. Otra teoría indica que, en condiciones de humedad pueden aparecer ciertos mohos en la pared los cuales, al metabolizarlo, forman compuestos orgánicos volátiles que viajan a través del aire y consecuentemente, a los pulmones.

En fin, tóxico o no, verde asesino o no, el verde esmeralda fue uno de los verdes más importantes del siglo XIX en el que, importantes artistas como Manet, Monet, Pisarro, Gauguin, Van Gogh, entre otros, se vieron magnéticamente atraídos por este brillante pigmento. Incluso se cree que el uso del verde asesino contribuyó a las causas de ceguera en Monet, diabetes en Cézzane y desórdenes neurológicos de Van Gogh. Imposible saber qué otras imputaciones se le adjudican al anhelado pigmento entre la población que animosamente decidió empapelarse en verde veneno.

 

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