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Entender la arquitectura de Gaudí

La obra de Gaudí ha trascendido en el tiempo pero en realidad, todo el éxito es fruto de una gran capacidad de observación y apasionado interés por la naturaleza. Este famoso arquitecto, aprendió directamente del cielo, las nubes, el agua, rocas, animales y montañas.

Se dice que Gaudí era sumamente ingenuo, que veía las cosas tal cual son, sin perjuicios. Esto le ayudó durante su carrera al utilizar soluciones prácticas, sencillas y funcionales para conseguir resultados sorprendentes.

Observó que muchas de las estructuras naturales están compuestas de materiales fibrosos con superficies curvadas en el espacio: el helicoide, hiperboloide, conoide, paraboloide hiperbólico. Y fueron estas mismas estructuras, las que trasladó a la arquitectura.

El helicoide es la forma que toma el tronco del eucalipto, de ahí las columnas torsas del Colegio Teresiano. El hiperboloide es la forma del fémur, de ahí las columnas de la Sagrada Familia. El paraboloide hiperbólico es la forma que adoptan los tendones entre los dedos de la mano, de ahí las bóvedas del porche de la cripta de la iglesia Colonia Güell. Los campanarios de la Sagrada Familia son paraboloides de revolución que sugieren las formas que adopta la arena mojada dejada caer desde lo alto.

Su gran amor por el paisaje y la tierra de los países del Mediterráneo se incrementaba al ser filtrado por el espíritu religioso de Gaudí. Amaba la naturaleza en el sentido de San Francisco de Asís. Si la naturaleza es obra de Dios y de ella se obtienen las formas arquitectónicas, significa que está continuando la obra del Creador.

La arquitectura de Gaudí está concebida por métodos intuitivos y elementales que le permitían lograr formas equilibradas parecidas a las que brinda la naturaleza. Decía Gaudí: el arquitecto concibe una estructura de edificio y pasa la forma a un ingeniero quien calcula matemáticamente. Todo va bien si el ingeniero confirma el proyecto, de lo contrario, el arquitecto debe cambiar, no el proyecto, sino su oficio.

Gaudí era capaz de perfeccionar sus obras constantemente, nunca las consideraba terminadas y, además, construía el edificio de modo integral desde los cimientos y la estructura hasta los menores detalles decorativos y complementarios.

Cada edificio tiene sus especiales características y no se parece a ninguno de los demás. Cada uno estaba concebido en su integridad y constituye una unidad en la que todos los elementos están perfectamente coordinados y son exclusivos de cada edificio.

La arquitectura de formas geométricas simples, de concepción puramente abstracta estaba en su momento cumbre cuando murió Gaudí en 1926. Sobra decir que este estilo reñía con su obra, a la que se le consideraba barroca e irracional.

El pensamiento gaudiano debió esperar al centenario de su nacimiento para que, en 1952, los críticos y tratadistas descubrieran el valor de la arquitectura de Gaudí.

Gaudí es un personaje inimitable, la lección de su vida fue buscar la inspiración en la naturaleza porque ésta, no cansa nunca, es atemporal e infinita.

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