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Ilusiones ópticas que engañan al cerebro

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“Hasta no ver, no creer”, muchos dicen, pero ni siquiera es suficiente. Si te fijas bien en la fotografía de arriba, puedes notar que no es un ave, en realidad es un cuerpo humano, una obra de arte de Johannes Stotter. Aunque parece una fotografía es una pintura sobre una mujer.

Stotter se aprovecha del hecho de que nuestros ojos ven las cosas por encima y sacan conclusiones rápidas, generando así, ilusiones ópticas.

El acto de ver comienza con los rayos de luz que emana el objeto visto. Estos rayos entran al ojo por la córnea que es la parte clara del ojo, pasan por la pupila y el cristalino y por último pasan a la retina, donde la energía electromagnética de la luz se convierte en impulsos nerviosos utilizados por el cerebro. Pues es sólo a través del cerebro que podemos percibir la forma de los objetos, identificar distancias y detectar colores o movimiento.

Ya que el cerebro cataloga una serie de patrones, imágenes y colores estratégicamente, uno se puede engañar fácilmente al ver algo que en realidad no está ahí. Un ejemplo fácil para entender este concepto es el hecho de que la perspectiva o proporción de las cosas puede cambiar dependiendo de los objetos que están cerca.

Esta es la ilusión Ebbinghaus en la que el tamaño de un objeto puede confundirnos dependiendo de los que estén a su alrededor.

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Los dos círculos amarillos son exactamente del mismo tamaño.

En realidad, el arte de Stotter no es una ilusión óptica, pero es una gran expresión que demuestra lo relativo que es nuestra percepción y claro, el gran talento de este artista.

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Fuente y fotografías de theweek.com

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