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La leyenda de Taishokan

Taishokan es la trágica leyenda de una buceadora que busca una piedra preciosa robada en el fondo del mar. Esta popular leyenda ha dado origen a numerosas representaciones plásticas que incluso, derivó en importantes implicaciones del arte erótico japonés.

La leyenda se remonta al entorno de Kamatari (614-669), fundador del poderoso e influyente clan Fujiwara y responsable de la construcción de un pabellón dorado en el gran templo familiar.

Según la leyenda, Kamatari tenía dos hijas. La mayor, al casarse con el emperador Shomu, se convirtió en la emperatriz Komyo. La hija menor, Kohaku, era elegante y gentil, y tan bella que su fama cruzó los mares y traspasó las fronteras. Al enterarse de la belleza de Kohaku, el emperador chino Taizong quedó tan prendado de ella que envió a dos emisarios con el encargo de pedir su mano. Kohaku aceptó la proposición de Taizong.

Una vez convertida en emperatriz de la gran China de los Tang, y sensible al fervor que su padre ponía en la construcción del templo Kofuku en Nara, pidió que se donara un tesoro al templo, que incluía una gema, de valor incalculable, destinada a ser consagrada a la estatua de Shakyamuni del nuevo pabellón dorado.

Para el traslado del tesoro se dispuso una comitiva de tres mil soldados al mando del general Yunzong, pero la noticia se difundió antes incluso de que partiera, y llegó hasta el fondo del mar. Cuando el rey Dragón del Mar tuvo noticia de los planes de Kohaku y Yunzong, ordenó un ataque a la comitiva china a fin de hacerse con la joya y llevarla a su palacio. Y eso fue lo que sucedió: cerca de las costas de la isla de Shikoku, en la bahía de Fusazaki, y tras varios intentos fallidos, la princesa Dragona del Mar, gracias a un astuto ardid de seducción, consiguió subir a bordo del barco chino de Yunzong y llevarse consigo el tesoro al fondo del mar.

Cuando Yunzong llegó a la capital japonesa y pudo informar a Kamatari de lo que había sucedido, éste decidió partir a Fusazaki para intentar recuperar el tesoro, ahora en manos del rey Dragón. En Fusazaki le presentaron a una joven y diestra buceadora. Con la intención de recuperar la piedra preciosa, Kamatari urdió una novedosa estrategia: disfrazado de plebeyo, se casó con la joven submarinista con la que tuvo un hijo.

Al cabo de tres años, Kamatari le confesó a su esposa su verdadera identidad para llevar a cabo el plan que había tramado. Kamatari había previsto que su esposa, al saber que su hijo se convertiría en el heredero y, por tanto, en miembro de la corte del clan Fujiwara, accedería a recuperar la joya. Y así fue.

Para obligar al rey Dragón a abandonar su palacio y así poder entrar en él, la flota de Kamatari organizó un concierto con los mejores músicos y bailarines de la capital, en el que se ofrecería un representación del paraíso budista de la Tierra Pura. Tal como habían previsto, el rey Dragón y todo su séquito, atraídos por la música, abandonaron el palacio y subieron a la superficie, donde quedaron fascinados con el espectáculo.

Mientras tanto, la esposa de Kamatari, con una cuerda atada a la cintura, se sumergió en las aguas y nadó y buceó hasta llegar al fondo del mar. Ya dentro del palacio submarino, se dirigió a la sala del tesoro, y una vez hubo recuperado la joya, haló de la cuerda para que la ayudaran a regresar a la superficie.

Nadó con todas sus fuerzas, pero cuando ya estaba a punto de alcanzar el barco que estaba esperándola, uno de los dragones protectores descubrió el robo y salió en su búsqueda. Para poder escapar, la buceadora tenía que poder utilizar las dos manos; en un acto de heroísmo, en vez de defenderse con su daga, la mujer se abrió el pecho y en él metió la joya, mientras agarraba la cuerda que había de subirla a la superficie. Antes de llegar, a pocos metros de la barca de Kamatari, fue muerta por uno de los dragones marinos.

Cuando recuperaron su cadáver descubrieron la joya escondida en su pecho: la mujer había sacrificado su vida por el bien de su hijo. Desde entonces, la gema relució en el pabellón dorado de Kofukuji, entre ceja y ceja de la estatua de Buda. El hijo, al cabo de unos años, se convirtió en ministro de Fusazaki y cabeza del clan Fujiwara.

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