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Alejandro Magno: el joven conquistador

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Alejandro Magno nació fruto de un matrimonio entre dos importantes figuras políticas, Filipo II de Macedonia y Olimpia de Épiro.

Cuando era muy joven, su padre Filipo II fue asesinado y Alejandro se vio obligado a hacerse cargo del trono, aunque esto no lo tomó por sorpresa, pues su preparación tanto física como intelectual había sido impartida por los mejores, entre ellos, el célebre Aristóteles.

Su envidiable educación le dio las herramientas necesarias para enfrentar su nuevo cargo.

Al principio de su reinado, Alejandro fue muy claro con respecto de sus estatutos; impuso mano dura en contra de los pueblos rebeldes, para después hacerle frente al poderoso ejército Persa.

El joven conquistador recorrió Siria, Fenicia, Egipto, Macedonia, Susa y Persépolis, ganando batalla tras batalla en contra de los persas, hasta que logró hacerse del control total de esa civilización.

Alejandro pensaba que los Persas eran bárbaros y retrógradas, pero encontró que en realidad eran bastante avanzados. Por eso, alineó en sus filas a los persas derrotados e impuso uniones familiares entre ambos imperios.

La acción fue intrépida, pero logró su cometido: griegos y persas lograron llevarse tan bien que unieron sus territorios, fundando más de 70 ciudades en un tiempo muy corto, además de imponer el idioma griego en todo el reino.

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Alejandro Magno murió a la edad de 33 años, víctima de paludismo. Su impresionante imperio no duró mucho, pues tras su muerte, estallaron varias guerras separatistas para repartirse el poder.

Aquel imponente imperio terminó fragmentado en reinos helenísticos. Sin embargo, la figura del joven conquistador se convirtió en un monumento y referencia de poder y victoria que perdura hasta nuestros tiempos.

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