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Anna Pavlova

“Prepara mi vestido de cisne”; se dice que éstas fueron las últimas palabras de la que fue reconocida como una de las mejores y más grandes bailarinas del Ballet Imperial Ruso, Anna Pavlova. Esta artista inmortal nació en San Petersburgo el 12 de febrero de 1881, dentro de una familia campesina y de bajos recursos. Su madre, una lavandera, llamada Lyubov Feodorovna, sembró en ella el amor por el ballet.

A la edad de 8 años Anna y su madre fueron juntas a ver la más reciente producción del ballet La Bella Durmiente, y a partir de ese momento tuvo sólo una meta, convertirse en bailarina e  ingresar a la Escuela Imperial de Danza de San Petersburgo. Su talento la descubría y fue admitida a la edad de 10 años.

Pavlova apareció en el escenario por primera vez en el ballet “Un Cuento de Hadas”, creado para los estudiantes de la escuela. Aunque convertirse en bailarina era su sueño, el ballet clásico no era fácil para ella. El entrenamiento le resultaba complicado y su complexión era considerada demasiado delicada, en comparación con la complexión fuerte de las otras bailarinas de la época. Inclusive, sus compañeras la molestaban dándole sobrenombres como la escoba o la pequeña salvaje.

Sin embargo, nada de ello lograba disminuir su amor por el ballet, y Pavlova tomaba lecciones extra con reconocidos profesores y bailarines. Practicaba arduamente para mejorar su técnica. Se graduó en 1899 a la edad de 18 años, después de interpretar muchos papeles con la compañía de la escuela, e ingreso al Ballet Imperial, donde obtuvo la admiración de los críticos presentes en su debut.

Anna iniciaba su carrera en el Teatro Mariinsky, y con cada presentación el público se enamoraba de su estilo único, que se alejaba de las formas adoptadas por las demás bailarinas. En 1905 había sido invitada a participar en una gran función benéfica, y su amigo Michael Fokin creó una pieza especial para ella ella, La Muerte del Cisne. Este se convirtió en el solo de ballet más famoso de todos los tiempos, y el personaje más reconocido de Pavlova.

En 1906, después del éxito del cisne, Anna es reconocida como Prima Ballerina, y ese mismo año se casa con el barón Víctor Emilovitch Dandré, quien organizaba todas sus giras. Recorría Europa con los ballets de Serguéi Diaghilev y sobresalía por su interpretación de los ballets románticos. Más tarde formó su propia compañía con la cual fue al mundo, haciendo presentaciones.

Durante toda su carrea Pavlova se burlaba de los convencionalismos clásicos del ballet y expresaba un deseo por  prodigar el arte, llevarlo a todos los rincones donde la gente quisiera verla.

Sus presentaciones llegaron a México, Río de Janeiro, Buenos Aires, la India, Malasia, Japón y otros países de Oriente, Egipto, Sudáfrica, Austria, Nueva Zelandia y muchos otros más. En 1919 en su gira por México se convirtió en una de las primeras bailarinas clásicas en ejecutar el Jarabe Tapatío, vestida con la vestimenta de china poblana, y donde representó La Muerte del Cisne acompañada del cellista Pablo Casals.

En enero de 1930 Anna Pavlova realizó la última gira de su vida por Europa; bailó en Suiza, Alemania, Dinamarca, Suecia, Noruega y Francia. Al finalizar sus presentaciones en París se dirigió a La Haya, a donde llegó con una fuerte neumonía. Finalmente la noche del 23 de Enero, Anna llamó a su camarera, a quien dijo “Prepara mi vestido de cisne”. Al tenerlo en sus manos ordenó tocar el último compás, y finalmente murió a unos días de cumplir 50 años.

Dos días después de su muerte, el día de su presentación en el teatro, un espectáculo fue programado. La orquesta interpretó La Muerte del Cisne  y apareció en el escenario, ahora obscuro y vacío, un solo reflector que iluminaba el espacio donde debía estar la bailarina.

 

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