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Las perversiones del César Pt.2

 

El Imperio Romano es conocido por la grandeza y gloría que alcanzó gracias al basto conocimiento en ingeniería, filosofía, registros estadísticos, artes y más. A pesar de esto, no ocultaba las intrigas que conllevaba su naturaleza conquistadora o las bizarras perversiones sexuales del Imperio.

Esta última dio motivo para que Roma buscara tener un gobierno estable y rígido, que era soportado gracias a los senadores (quienes pertenecían a todas las clases y órdenes sociales) cuyo trabajo contemplaba supervisar al emperador en turno y quienes tenían la facultad de actuar en su contra cuando así lo creían prudente. Pero ni el orden ni la disciplina los salvó de la situación más terrorífica que cualquier nación puede sufrir, tuvieron la desgracia de tener un psicópata al poder.

Al principio de su reinado, Calígula fue aclamado por todo el pueblo romano, quienes tenían verdadera admiración por él y lo seguían viendo como el hijo de su amado general Nerón. Las vejaciones y el terrible trato propiciado por Tiberio hacia su pueblo sólo lograron aumentar la felicidad popular hacia su nuevo emperador.

Los primeros meses de su reinado fueron considerados como los más felices y eficientes para el imperio romano. En el año 38 ya había cosechado increíbles logros como pagos y bonificaciones a los militares retirados y heridos en batalla, para la Guardia Pretoriana, las tropas de la ciudad y de todo el ejército romano. Al mismo tiempo planificó y puso en marcha sus ideas de aseo y saneamiento de las ciudades, al igual que la construcción de caminos y vías en todo el Imperio.

Su bondad resultó contraproducente cuando se empezaron a agotar los recursos del Imperio. ¿La solución? Acusar falsamente a la mayor cantidad de personas posibles para emitir multas, juicios y ejecuciones. El César implementó otras medidas económicas para hacerle frente a la crisis, como la creación de nuevos y ridículos impuestos. En el año 39 la hambruna azotó de manera brutal al Imperio, todo a causa de los gastos y órdenes de su nuevo Emperador.

El joven Calígula rebasó a su tío-abuelo Tiberio en sus depravaciones, le gustaba golpear y torturar a sus parejas durante el acto sexual, tratándolas como animales, todo esto en un contexto ya de por sí denigrante para las mujeres y esclavos de la época.

Su sadismo superó los niveles de tolerancia que tenía Roma, actos nunca antes vistos ni con Tiberio. Cuando asistía a presenciar la muerte de algún sentenciado, le ordenaba al verdugo que el condenado sufriera una agonía prolongada: “Hiérelo de tal modo que él sienta morir”, dijo en alguna ocasión a un verdugo.

Entre sus numerosas locuras se sabe que el amor por su caballo era tal que lo nombró sacerdote y le mandó a construir un establo de mármol. También le gustaba mantener relaciones sexuales mientras veía decapitar personas, adoraba violar a las mujeres de los senadores, incluso llegando a levantarse de una cena con sus senadores para llevarse a sus mujeres, violarlas y traerlas nuevamente a la mesa y contar lo sucedido.

Otros historiadores cuentan que mandó a castrar a muchos hombres por tener el pene más largo que él.

Calígula finalmente encontró su fin a manos de su propia guardia pretoriana en medio de una conspiración que buscaba terminar su sangriento reinado.

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