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Maud Wagner

No era bien visto pero Maud, igualmente transgredió las convenciones sociales para convertirse en la primera mujer tatuadora profesional en la historia de Estados Unidos.

Los tatuajes eran propios de los delincuentes pero para Maud Wagner pronto se convertiría en un estilo de vida. Durante su juventud trabajó largo tiempo en circos itinerantes como trapecista, acróbata y contorsionista. Un buen día, a sus 27 años conoció a Gus Wagner, quien fuera el “hombre más tatuado en América”.

Gus, comerciante, marino y circense, había viajado por el mundo y regresó a Estados Unidos con más de 300 tatuajes repartidos por su cuerpo. Bien había aprendido el oficio en las tribus de Java y Borneo en Indonesia. Maud estaba fascinada.

“Si quieres salir conmigo, me iniciarás en el mundo del tatuaje”. Y así fue como empezó el cortejo. Gus le enseñó y empezó a tatuar, ella aprendió la técnica tradicional conocida como stick&poke en la que el dibujo se realiza punto por punto hundiendo la aguja mojada en tinta en la piel. Es una de las técnicas más antiguas para tatuar y Maud, rápidamente se convertiría en una talentosa artista.

Posteriormente se casó con Gus y ambos mostraron su destreza artística en ferias, veladas burlesque y freak shows. Muchos eran los que querían ser tatuados por Maud. Ella misma se tatuaba y permitía que su esposo lo hiciera también.

Observar a la mujer más tatuada del mundo se convirtió en la atracción extra para su propio espectáculo. Sus tatuajes eran típicos de la época con monos, mujeres, leones, caballos, árboles, serpientes e incluso su propio nombre en el brazo izquierdo.

Gus y Maud tuvieron una hija, Lovetta quien comenzó a tatuar a la tierna edad de nueve años. Demostró tener tanto talento como sus padres, haciéndose de respeto por derecho propio.

La hija de Maud nunca se tatuó ya que su madre insistió en que su padre no la tatuara jamás. Cuando murió Gus, Lovetta decidió que nunca se dejaría tatuar por nadie. Si no lo había podido hacer su padre, no se lo permitiría a nadie mas.

Madre e hija siguieron tatuando hasta el día de su muerte, Maud en 1960 y Lovetta en 1983. El último trabajo de Lovetta fue una rosa que tatuó al famoso tatuador poco antes de morir.

 

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