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Nace Amadeus Mozart

Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus (El que ama a Dios) Mozart nació un día como hoy pero de 1756 en Salzburgo, Austria. Considerado el mayor creador musical de todos los tiempos, fue hijo del violinista y compositor al servicio del príncipe de Salzburgo, Leopold Mozart.

A sus tiernos tres años, demostró un talento sobresaliente en piano y a sus cinco, compuso dos piezas cortas. Dos años después, aprendería por sí mismo a tocar el violín y tendría una apretada agenda de interpretaciones ante la aristocracia de toda Europa occidental. El exquisito bagaje musical, fruto de sus viajes, dio paso hacia la originalidad de sus composiciones.

Mozart era abierto, mimoso, desinhibido, impaciente, impulsivo, distraído, emocionalmente necesitado, creativo, innovador, irreverente, irónico, bromista y rebelde. De memoria prodigiosa, tenía enorme necesidad de cariño. Su vida fue una búsqueda de armonía, igualmente en lo afectivo que en lo musical.

El gran genio de Mozart no siempre fue suficientemente valorado en su tiempo y fue una pena que la llevó clavada aunque también fue motor para la incansable búsqueda del reconocimiento. Fue condecorado con la Orden de la Espuela de Oro por el papa Clemente XIV y elegido miembro de la Academia Filarmónica de Bolonia.

A los 21 años se inició en los placeres sexuales con su prima y posteriormente quedaría prendado de la belleza de Aloysia Weber quien lo desdeñó inmisericordemente y tuvo que encontrar consuelo temporal en Munich con Bäsle. Posteriormente, se reencontraría con la familia Weber y desposaría la hermana de Aloysia, Constanze Weber. Con 19 años y aunque, bastante frívola, el matrimonio se caracterizó por el apoyo mutuo y la satisfacción erótica. Con un hogar poblado de otras seis bocas que alimentar (aunque sólo dos hijos sobrevivieron), las tensiones pronto llegaron.

Con veinticinco años inició su aventura como compositor e intérprete autónomo y aunque el joven tenía excelente capacidad de trabajo, sufría de los embates de las deudas dada su personalidad despilfarradora. Las depresiones no se hicieron esperar, sin embargo, siendo la música su única terapia y gran alegría, compuso una obra maestra tras otra y otra.

Falleció a sus escasos 35 años siendo prolífico director de conciertos. Irónicamente, en los últimos cuatro meses de vida, escribió Réquiem, obra inacabada consistente en una misa de difuntos compuesta por un moribundo. Finalmente, un episodio de fiebres reumatoides, lo llevó a la fosa común en un 5 de diciembre de 1791.

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