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Cine y palomitas, el matrimonio perfecto

pop machine

Corrían los años veinte, los cines recordaban la ambientación de un teatro con grandes lámparas, relucientes alfombras y elegantes motivos decorativos. Esta actividad estaba reservada para la alta sociedad quienes hacían de la elegancia todo un tema de élite donde comer era motivo para abrir otro capítulo en su vida social.

 

cine 30´s

 

La llegada del sonido fue crucial dentro de la industria cinematográfica, ya que sustituyó la lectura imprescindible para la correcta comprensión de la cinta. Esta estratégica transición, junto con el crack de 1929 y la Gran Depresión, generó que el cine fuera adoptado como una de las actividades de entretenimiento más importantes, por ejemplo, para la sociedad norteamericana.

 

Así en el cine, tanto la adquisición de apetitosos tentempiés callejeros como cacahuates acaramelados y cucuruchos de palomitas, constituyeron los pequeños grandes lujos que la sociedad se pudo permitir al margen de su contexto macroeconómico.

 

puesto palomitas

 

Julia Braden, mujer visionaria de Missouri, logró negociar un permiso para montar un puesto de palomitas en el interior del cine, para 1931 contaba con 4 puestos. Este importante acuerdo permitió que otras salas de cine pudieran ver su potencial y rápidamente adoptaron la administración de la venta de palomitas y otros snacks.

 

Posteriormente la II Guerra Mundial trajo consigo nuevas precariedades como fue la racionalización de productos básicos como el azúcar, lo cual coadyuvó al encarecimiento y eventual desaparición de los dulces en el cine. A la postre, este fue el evento que consolidó el feliz matrimonio entre las palomitas de maíz y el cine.

 

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