Home / Arte / Cuando el piano en el cine deja de ser arte

Cuando el piano en el cine deja de ser arte

En un artículo del Universal de 1917, el reportero Hipólito Seijas describe la conversación que sostuvo con un pianista del cine mudo, quien se acercó a él, al final de una función, para recriminarle sus ataques periodísticos y explicarle la situación que vivían dichos artistas.

—Cuando llegamos al cine, fresquecitos, tocamos con gusto, media hora, a veces una hora; pero surge el cansancio, la monotonía de tocar siempre lo mismo. Como pobre, no puedo comprar las últimas novedades y me concreto a pasar al piano lo único que sé, lo que he aprendido: doce two-steps, ocho valses, unas cuantas mazurcas, unos arreglos de ópera, algo de opereta y se acabó.

Nosotros no nos damos cuenta de la película. ¡Te
nemos tan fatigada la vista! Y eso de estar encorvado, como 
un vencido, sobre el piano, sobre ese instrumento maldito 
que fue mi ilusión, cuando iba al conservatorio, pero que 
fracasado, lo tengo ahora como el pretexto para vivir. Y las
 horas brotan pavorosas para nosotros. Desde las cuatro de la tarde hasta las once de la noche. ¡Siete horas continuas!

El «maestro» apoyaba la barbilla en el pecho y suspiraba hondamente por su triste oficio.

—¿Y no es usted compositor?

—A veces sí. He compuesto algunas danzas, pero cuando se me olvida alguna pieza y la película pide algo trágico, improviso repentinamente para luego olvidarme de lo que he improvisado. Esta labor agotante que cansa y mata no tiene ya parentesco ninguno con el arte. Cuando el arte se le toma como mercancía y hay que vivir de él, ¡ah mi amigo!, el arte es implacable, vengativo, nos deja, nos abandona, y ya sin aspiración ni ilusiones arrastramos nuestros pocos conocimientos por los cines a razón de tanto la hora.

El pianista, agotada su verbosidad y terminada la taza de café, trató de levantarse con fuerza, pero un agudo dolor, lo volvió sobre su asiento.

—Los riñones, amigo, los riñones. ¡Eso de andar sentados constantemente nos arruina! Y todo para qué. Para llevar unos cuantos centavos a la casa a costa de nuestra vida, que vamos dejando en jirones sobre el taburete del odiado piano. No nos siga atacando, no tenemos la culpa. Cuando se tiene que vivir hay que hacer la lucha de cualquier manera. Usted la hace en el periodismo y yo la hago en los cines.

Y al contemplar la actitud poco gallarda del «maestro», que es un compositor desconocido y que deja parte de su vida en el piano para ganarse un pedazo de pan, comprendí entonces, que el arte no hay que buscarlo con las manos de los «maestros» de cines, sino en otras partes, adonde el arte tenga manifestaciones de aristocracia y no de fariseísmo.

Recibe lo mejor de Un día más Culto en tu mail
Suscríbete a nuestro newsletter y recibe nuestro mejor contenido

Dejar un comentario

Desplazar hacia arriba