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Darren Aronofsky

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Darren Aronofsky es sin duda uno de los directores más propositivos de nuestra época. Conocido por películas como Requiem por un Sueño, El Cisne negro y su primera producción titulada Pi: el orden del caos. El talentoso director de cine ha sido capaz de marcar su sello de manera consistente, el tono obscuro por medio el cual muestra el mundo interno y confuso de sus personajes es sólo una de las características que lo distingue.

Sus recursos inconfundibles hacen que cualquier ojo sea capaz de detectar su rastro, pues es a través de un montaje conocido con el nombre de “hip-hop” con el que crea secuencias en cámara rápida, acompañadas de efectos de sonido que simulan una acción relacionada directamente con la emoción que causa. Estas secuencias las repite en diferentes momentos en la película y hacen que la predictibilidad de las mismas incomoden deliciosamente a los espectadores.

Un buen ejemplo de esto es el conocido dolor de cabeza de Max, el matemático en Pi, o la toma de drogas en Requiem por un sueño.

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Otro recurso que re utiliza es la SnorriCam, una cámara que funciona emparejada al cuerpo del actor para que cuando éste se mueva, aparente un efecto de que lo que se mueve es su alrededor. Dando el efecto de que corremos o caminamos con el personaje y causando de nuevo, vértigo en el espectador al estar en una especie de “tercera persona subjetiva”.

Aronofsky nació el 12 de febrero de 1969 en Brooklyn, Nueva York, durante su infancia siempre tuvo esos trazos artísticos y rebeldes, pues a pesar de que amaba las películas clásicas, en su adolescencia pasaba gran parte de su tiempo dibujando graffitis en las calles.

Estudió cine en Harvard y sus primeros proyectos sí tuvieron la suerte o el talento que los hizo destacar sobre los demás. Desde 1996 comenzó a crear el concepto de Pi, en 1998 ya tenía muy buenos comentarios por parte de sus amigos, por lo que se aventuró a producir el guión. Un guión bastante complejo en el que cuestiona la habilidad del hombre con sus diferentes lenguajes, como las matemáticas para poder explicar los patrones de nuestra existencia. Buscaba respuestas en la naturaleza para encontrarlos en las altas y bajas de la economía.

Pero en definitiva una de los efectos que lo hacen único es la forma en la que plasma sensaciones en la pantalla. El sonido de alguien cortándose las uñas (El Cisne Negro) es suficiente para hacer que el espectador se estremezca, mérito que se le otorga a su gran amigo Clint Mansell, encargado de los efectos sonoros.

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