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El arte de contar historias

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Desde los primeros usos del lenguaje, existe el arte que consiste en contar con un orden determinado hechos que van llevando hasta un punto que sorprenden, emocionan, sensibilizan, asustan, educan o explican.

Pero ¿qué es lo que hace que uno se interese en las historias y quiera conocer su final?

“Las historias son la vida puesta en lenguaje”. En una conferencia, Andrew Stanton, el autor de películas como Toy Story y Wall-E  explica algunas reglas que para él son imprescindibles para que una historia funcione.

Una regla esencial que propone es que la historia te debe permitir desde un inicio anticipar de qué se va a tratar. En realidad Stanton lo explica como un juego entre la anticipación ante los sucesos y la satisfacción dosificada de tus predicciones. La historia debe prometer desde un principio lo que va a pasar.

Pero la regla no es tan fácil, no se puede revelar todo desde un inicio, pues el público, por más joven que sea, necesita un reto, le gusta sentir que hay cosas sin resolver. Stanton lo llama “las ganas de completar la oración” y pone el ejemplo de darles el 2 + 2 y no darles el 4.

También explica que es importante que el personaje principal (el cual tiene que haber uno) tenga un motivo que mueva sus acciones y decisiones. El motivo tiene que ser uno solo y debe ser claro y natural, es decir, incluso si sus acciones no son las mejores, éstas deben de ser acordes con su personalidad y acordes al objetivo en la narración.

Este personaje y la historia debe de sufrir transformaciones, Andrew da el ejemplo de que su vida siempre lo fue llevando a descubrirse a sí mismo y eso es lo que ocasiona que la atención de los escuchas se mantenga interesada cuando alguien cuenta la historia de su vida.

Es curioso, estas reglas son implícitas en muchas historias que contamos intuitivamente, es cuando tratamos de salir de esta fórmula que probablemente fracasa la historia.

Alrededor de esta receta pueden haber variaciones, el personaje principal no tiene que ser un héroe fuerte y poderoso, puede ser una persona común. Los conflictos no tienen que ser épicos. Pero la constante sí es que en cualquier caso, su transformación esté acorde con su presentación inicial.

Las sorpresas no pueden no venir de una posibilidad coherente, deben de estar en un rango de posibilidades imaginables para el espectador para que se sienta parte del juego.

Todas estas reglas son una buena manera de entender desde otra perspectiva las historias que más nos gustan. Un buen experimento es observar cómo las películas o cuentos con más éxito son justamente las que siguen este tipo de lineamientos.

 

 

 

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