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King Kong

“Y entonces, la bestia miró el rostro de bella. Y detuvo su mano asesina. Y desde ese día, estuvo destinado a morir”.

Con esta frase comienza la película King Kong, estrenada en el año de 1933. Y aunque nos cuentan el final en los primeros segundos de la película, el monstruo animado logra mantener al público atento durante toda el film. En está ocasión nos preguntamos, ¿qué tiene de mágico King Kong?

Este personaje de ficción se logró posicionar dentro de nuestro imaginario popular, aún en generaciones muy posteriores al estreno de la película.

Los creadores de la película se aventuraron, después de muchas trabas, tanto económicas como de logística para rodar la película, a aportar uno de los estereotipos más importantes en la historia del cine fantástico. El monstruo enigmático y escalofriante pero con sentimientos. Uno de los personajes que aunque fue animado, fue propuesto como el más real ya que se presentaba ante el público con sus defectos y virtudes, tal como somos todos en vida, meros seres vivos, animales, por decirlo de una manera más cruda.

Dirigida por Merien C. Cooper y Ernst Schoedsack y escrita por Ruth Rose, entre otros, crearon esta historia que aunque en varios intentos de modernizar las versiones, la historia no ha podido ser contada con la misma calidad que la primera y mucho menos con posibilidades de superarla.

“King Kong es, sin duda, una película que evolucionó radicalmente el mundo de los efectos especiales. Por primera vez en la historia del cine un personaje animado se vuelve el centro de atención de una historia y los actores prácticamente no importan…” comenta el crítico de cine José Antonio Valdés. Y como explica el mismo teórico, no fue un personaje de ficción representado por un hombre, como el ejemplo de Frankenstein, fue un mero ente que pudo existir gracias a la tecnología. Esto sentó las bases para el futuro de la animación.

El director, Cooper, decidió contratar al artista de stop motion Willis H. O´Brien, que con gusto se encargó de la tarea de los efectos especiales de la película. El director y el artista se llevaron de maravilla, después algunos meses, O´Brien ya tenía su marioneta lista para filmar todas las escenas del monstruo con esta técnica que trata de una serie de imágenes de un objeto estático que aparenta movimiento con la sucesión.

El personaje de la “bella” interpretado por Fay Wray no se quedó atrás, su gran personalidad y belleza la llevaron a obtener una popularidad de la que nunca se imaginó, incluso tras 16 años de carrera como actriz. Como un dato curioso, cuando murió en 2004, las luces del Empire State en Nueva York, se apagaron durante 15 minutos.

El éxito de King Kong no fue gratis, de hecho el presupuesto siempre se estuvo elevando, al grado que casi se cancela la filmación. Incluso con el interés de ahorrar, no quisieron escatimar en la inversión de la música, por lo que contrataron al mejor, Max Steiner, el futuro autor musical de Lo que el viento se llevó y Casabalanca. (Primer compositor de Hollywood que trabajó con una gran orquesta).

En su primer estreno en Nueva York, la película batió los récords, y eso fue sólo el principio, King Kong fue la primera película de la historia que se reestrenó. (1938, 1941, 1952 y 1956).

King Kong no solamente se adelantó a su momento histórico en la elaboración de los efectos especiales, también tuvo ciertos problemas con la censura, pues aunque la película fue estrenada sin ediciones, el Código Hays, (normas de autocensura en las productoras de Hollywood) estaba a punto de entrar en rigor, publicado en 1930, pero en rigor a partir de 1934, las escenas mutiladas ocurrieron en los reestrenos. Entre las escenas censuradas están la de un marinero devorado por arañas gigantes (escena recreada por Peter Jackson en 2005), un pisotón de Kong a un transeúnte y una en la que el gorila le quitaba el vestido a Ann, el personaje femenino.

“No lo hemos matado nosotros. Fue la belleza”.

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