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La violencia en el cine y sus efectos


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El arte ha sido usado a través de la historia para expresar ideas, sentimientos y también para generar catarsis, como ejemplo de ello tenemos a grandes artistas como Van Gogh que se refugiaba en la pintura para enfrentar su esquizofrenia; gracias a ello llegó a crear obras como La Noche Estrellada; pero, ¿qué sucede cuando es utilizado para generar lo contrario? ¿Por qué se busca crear angustia a través del arte? ¿Por qué disfrutamos de la violencia?

 

Dentro de las bellas artes, el cine es el que se ha visto más “afectado” por la violencia. En los últimos años éste es el arte que ha alcanzado más audiencia, comparándolo por ejemplo con la pintura o la danza. Parte de su éxito se debe a su afiliación con la violencia; el cine la ha adoptado como uno de sus recursos fundamentales para llegar a los espectadores. Entonces ¿el cine hace violenta a una sociedad?

 

Explosion Paratroopers War Warrior Soldiers Guns

Un estudio publicado por la American Academy of Pediatrics encontró que el 94% de las películas más populares desde 1985 contienen al menos una escena violenta, la mitad de ellas con armas involucradas. En Estados Unidos son comunes las noticias de balaceras y violencia en barrios bajos, tal vez sea sólo el reflejo de lo que consumen en los medios.

 

En Japón existe una tendencia, su cine es de los más violentos a nivel mundial, pero en cambio es una de las sociedades más pacíficas. Tanto Osaka como Tokio han sido proclamadas dentro del top de ciudades más seguras. A palabras del mismísimo Quentin Tarantino “… ellos lo ven con la perspectiva apropiada, una (la violencia en el cine) no afecta a la otra (el comportamiento de la sociedad)”.

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Entonces si una no es provocada por la otra, ¿por qué abundan las películas violentas? Pues bien, tiene que ver más con cómo nos sentimos atraídos por lo desagradable, prueba de ello son los videos que de YouTube. Diariamente se suben cerca de 10 millones de videos, y los que llegan a ser más virales muestran diferentes formas de violencia, como accidentes automovilísticos, persecuciones policiales, fails (personas cayéndose y lastimándose por error) y desastres naturales.

 

Este tipo de contenido es tan llamativo debido a lo que se produce en nuestro cerebro al presenciarlo. Los neurotransmisores producen dos sustancias: la norepinefrina y la dopamina. La primera está estrechamente relacionada con la estabilización del estado de ánimo, el estado de alerta y la activación, mientras que la dopamina se vincula con lo placentero, la recompensa, como comer o tener sexo. Esto no significa que disfrutemos ver la violencia, más bien, somos adictos a esta sustancia.

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Se ha encontrado que la dopamina juega un papel importante en el estado de ánimo. Cuando una persona presenta bajos niveles de esta sustancia existe una sensación de depresión, misma que puede remediarse mediante la producción de más dopamina. Es decir, tampoco es que la falta de violencia nos haga depresivos; este comportamiento nos ha ayudado a sobrevivir. Al combinar tanto la dopamina como la norepinefrina somos capaces de pelear o huir ante una situación de riesgo.

 

 

Ahora que nuestra especie tiene garantizada la seguridad de que ningún depredador pueda sorprendernos, nuestro cuerpo aún necesita estas sustancias para mantenerse en balance, y ¿dónde podemos experimentar tensión sin estar realmente en peligro? En el cine violento o de terror, el arte y en lo cotidiano.

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Además de mejorar nuestro estado de ánimo también nos hace sentir fuertes. O al menos así lo explica el sociólogo Margee Kerr:

 

“We’ve been scaring ourselves forever—from scary stories around the campfire to jumping off cliffs, to sledding down hills, we’ve always chased the thrill… For others being scared in a safe place is a source of enjoyment and makes them feel good physically and can even serve as a confidence boost by reminding us that we can make it through a scary situation, we are strong,”

 

Exponernos a situaciones incómodas no es actual ni algo que haya inventado la industria cinematográfica, ha estado con nosotros desde nuestros inicios, al probarnos y demostrar que somos valientes y podemos salir adelante sin importar nada, claro, siempre y cuando estemos acompañados de otros.

 

Somos una especie que necesita estar rodeada de sus semejantes, es por esto que vamos a conciertos de rock y abarrotamos los estadios de fútbol. Estas situaciones puede que tengan violencia o no pero para nuestro cerebro no hay diferencia alguna, puesto que liberará las sustancias que tanto nos gustan.

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Es por esto que el cine sólo cumple con un papel de proveedor de violencia y emoción. Nos da lo que exigimos, y aunque no haya ninguna muestra tangible y directa de esta solicitud, lo hacemos a través de nuestras carteras. Cuando vamos a los cines y elegimos películas con violencia hablamos a los productores, los número están ahí. Si las ventas de cine violento fueran menores, simplemente dejarían de producirse, tal vez seguirían saliendo algunas muestras pero serían la minoría.

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