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La vida no es una carrera

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Gilbert Keith (G.K.) Chesterton, fue un escritor y periodista británico de inicios del siglo XX. Escribió ensayos, libros de viaje, narraciones, biografías, artículos periodísticos, entre otros. Aunque tiene un estilo particularmente conservador, al destacar valores de tradición y aspectos del mundo medieval, su método es moderno y original.

 

Durante su juventud, persiguió su autodescubrimiento, describía al sistema educativo como “ser instruido por alguien que no conozco, acerca de algo que no quiero saber”. Estudió dibujo, colaborando con algunas ilustraciones tanto para sus posteriores obras como para las de su gran amigo, Hilaire Belloc. También se integró a un grupo que realizaba ocultismo y, finalmente abandonó sus estudios y comenzó a trabajar en diferentes periódicos.

 

Tras haber superado su juventud, se fijó condiciones y un ideal de vida humana al que siempre le fue fiel. En uno de sus ensayos sobre Chaucer, Chesterton reflexiona cómo la vida solía concebirse como una danza y de qué manera en la actualidad la percibimos como una carrera.

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La diferencia entre una y otra es vasta, mientras la danza es un proceso que se disfruta en sí misma sin ningún objetivo, la carrera es una competencia, con un propósito fijo, algo que ganar o al menos, una meta a la cual llegar.

 

Como lo mencionaba anteriormente, Chesterton destacaba aspectos y valores del mundo medieval y respecto a la vida como una danza, distingue la moralidad medieval, que mantenía que una cosa debía balancear a la otra habiendo algo que siempre permanecía en el medio. De esta forma, los bailarines danzaban alrededor de esta cosa central siempre siendo alterado por actitudes pero perpetuamente preservando el equilibrio.

 

Por otro lado, según Chesterton, hay un momento en la historia donde la danza se quiebra transformándose en una carrera. Ahora los bailarines perdieron su centro creyendo poder recuperarlo persiguiendo un objeto que no se posee aún, que se mueve constantemente para desaparecer al vislumbrarlo. A esto, le llamó progreso y es que en la modernidad hay que ir hacia delante, aunque no se tenga referente de lo que se persiga en específico.

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Joseph Pearce, en su biografía de Chesterton, describe como las últimas palabras del escritor fue un saludo para su esposa y su hija adoptiva que si bien no son las que muchos esperarían de uno de los más grandes escritores del siglo, sí fueron sumamente apropiadas, en primera, por estar dirigidas a las dos mujeres más importantes de su vida y en segundo lugar, por significarse de un saludo para marcar el comienzo de algo nuevo y no el final de su relación.

 

Aunque en sus ensayos Chesterton decía nunca tomar partido, refería a que el ser humano debía llevar una vida de significado, con un centro bien definido que le dé sentido a todo aquello que orbita alrededor. Al final, resulta comprensible que para un hombre sensible, la vida sea superior y más significativa como una danza, que como una carrera.

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