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El Adán de los juegos se llamó chaturanga

 

El chaturanga, término del sánscrito que significa cuatro (chátur) temas (anga), era jugado por cuatro personas en un tablero monocromático de 64 casillas. Los bandos del Norte y Oeste eran aliados, los del Sur y del Este era la contraparte a vencer.

Las piezas eran un Rajá, un elefante, un caballo, un barco y cuatro peones. Se jugaba con dados, al salir el 1 o 5 se movía el Rajá o un peón, el 2 permitía mover el barco, 3 para caballo y 4 o 6 para elefante. El elefante podía moverse en todas direcciones y tan lejos como así lo quisiera el jugador. La victoria era obtenida cuando un Rajá ocupaba el trono de los otros tres príncipes de manera sucesiva.

Las reglas en realidad, eran tan complicadas que finalmente fue modificado y dio origen a…

¿Ya sabes de qué juego estamos hablando?

Efectivamente, estamos hablando de los orígenes del ajedrez, mismo que a través de los siglos ha tenido tantas transformaciones que su evolución es innegable.

Una importante modificación sucedió cuando el juego pasó de India a Persia. El relato de cómo sucedió esta introducción, lo cuenta Duncan Forbes, quien dice que el gran Rey Karnoj de las cinco Indias (540 DC) mandó al rey de Persia Arnochivan el Justo y Grande, una carta ricamente ilustrada con un tablero primorosamente construido junto con piezas de ébano y marfil.

La carta indicaba que los sabios de Persia debían adivinar cómo se jugaba tal juego a cambio de seguir manteniendo tributo. De lo contrario, el Rey de las cinco Indias se emanciparía y obligaría a Persia a pagar el mismo monto “pues la verdadera grandeza del hombre consiste en la sabiduría”.

Transcurrieron siete días sin lograr solución alguna entre los más sabios y notables de Irán, cuando el plazo se agotaba, el primer ministro Buzurjmihr, habiéndose empeñado un día y una noche, aplicó el poder de su penetrante inteligencia hasta que al fin vio claro el juego.

Así, el chatranj o ajedrez persa, trascendió con sus modificaciones hasta nuestros días. Y claro, no era cosa menor, Persia debía resolver el enigma ya que de lo contrario habrían pasado a la historia reconociendo su inferioridad.

 

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