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Alimentos envasados

En el mundo en el que vivimos, y el ritmo al que andamos cada día, hacen necesario facilitar el servicio de alimentación. Para ello, se han inventado cualquier clase de objetos, métodos y preparaciones, que hacen que los productos perecederos, tengan una duración muchísimo mayor, y estén frescos y comestibles en el momento deseado de los consumidores. Antes, las amas de casa pasaban el día entero en las cocinas del hogar, con grandes fogones, preparando cualquier cantidad de comida. Esto sucedía diario, pues los alimentos no se podían refrigerar, y no había modo de conservarlos. Hoy, tenemos el envasado, ¿lo conoces?

El envasado es un método para conservar alimentos que consiste en calentarlos a una temperatura alta, que destruye los posibles microorganismos presentes, y sella los alimentos en tarros, latas o bolsas herméticas.  Los alimentos que deben ser envasados a presión principalmente son verduras, carnes, mariscos, frutas y lácteos.

Durante muchos años, la industria utilizaba tarros de cristal, recientemente reemplazados por latas cilíndricas o botes de hierro forjado. Éstos eran más baratos y rápidos de fabricar y mucho más resistentes. Poco a poco, los consumidores se acostumbraban a adquirir sus productos, en envasados de lata, que no perdían calidad, y se conservaban en buen estado por mucho tiempo.

Al principio, cuando los envasados comenzaron a hacerse en latas metálicas, sucedió un error muy poco común; los abrelatas no se inventaron hasta unos 30 años después. Al principio, los soldados tenían que abrir las latas con ayuda de piedras. El ejército francés empezó a experimentar con el suministro de comida enlatada para sus soldados, pero el lento proceso de enlatado de alimentos y el incluso más lento desarrollo de los medios de transporte, evitaron que se enviasen grandes cantidades.

Tras el final de las guerras, el proceso de enlatado fue gradualmente puesto en práctica en otros países europeos y en los Estados Unidos. A partir del método de Peter Durand, se patentó en el Reino Unido en 1810 un proceso de envasado de alimentos en botes de hierro forjado sellados al vacío. Inicialmente, el proceso de enlatado era lento y exigía mucha mano de obra, ya que cada lata tenía que hacerse a mano y llevaba hasta seis horas preparar adecuadamente el alimento, lo que hizo de la comida enlatada, un símbolo de estatus.

Para los años 60´s, el tiempo para enlatar comida se había reducido de las aproximadamente seis horas iniciales a sólo treinta minutos. La comida enlatada empezó a expandirse fuera de Europa. Thomas Kensett, estableció la primera fábrica de enlatado estadounidense en Nueva York en 1812, usando latas de hierro laminado, mejoradas para envasar carnes, frutas y verduras.

Las poblaciones urbanas de la Inglaterra victoriana demandaban cantidades crecientes de comida barata, variada y de buena calidad, que pudiera almacenarse en los hogares sin tener que ir a las tiendas cada día en busca de productos frescos. En respuesta, aparecieron compañías como Nestlé, Heinz y otras, para aprovisionar a las tiendas con comida enlatada de buena calidad. El final del siglo XIX vio un incremento en la gama de comida enlatada disponible para la población urbana. A medida que las compañías rivales competían entre sí, comenzaban una guerra en la que usaban nuevos alimentos, presentaciones atractivas del envase y mejores precios.

La demanda de comida envasada se disparó durante la Primera Guerra Mundial,  pues los dirigentes militares solicitaban grandes cantidades de comida barata y altamente calórica para alimentar a los soldados. Pero también, comida que se transportara fácilmente, que perdurara, y no se echara a perder entre la fábrica y el frente.

Imaginemos a nuestras bisabuelas, corriendo al mercado para conseguir un trozo de pescado, que se usaría esa misma tarde, pues para mañana estaría podrido. Imaginemos ahora cuán sencillo es abrir la alacena y sacar una lata de atún. La comida envasada es segura y muy confiable. Imaginemos que el alimento, dentro de una lata o envase, sumergido en conservas, puede durar años, sin fermentarse. Así que no hay más motivos para salir corriendo al supermercado, si se tiene una buena provisión de latas o frascos listos para usarse a la orden. ¡Bon appetit!

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