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Árbol de Navidad

Hoy en día, habitualmente todos los hogares cristianos, ostentan un pino gordinflón, forrado de diminutas luces, collares y esferas de todos los colores. Parece ya una práctica común y una rutina que realizamos cada año, en celebración a las fiestas decembrinas. Pero ¿qué tiene que ver el árbol, con la Navidad? ¿Qué tiene que ver con el Nacimiento de Jesús?  Sea tu árbol, un gigantesco y elegantísimo diseño digno de exhibirse en el centro de una plaza neoyorkina, o un simple pedazo de pino enano con cinco esferas y caramelitos, comparten una larga tradición que ni te imaginas. ¿Quieres conocerla?

El árbol de Navidad tiene sus orígenes en una antigua creencia germana, la cual se refería a un árbol gigantesco, llamado Yggdrasil. Éste sostenía en sus ramas y hojas al mundo, a las estrellas, la luna y el sol. En resumen, un árbol de la vida de la mitología nórdica.

Cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa descubrieron que los habitantes de la zona, adornaban un árbol, en representación a Yggdrasil, para celebrar el nacimiento del dios del sol y la fertilidad. Se dice que ante esta situación, uno de los monjes misioneros  tomó un hacha y cortó el árbol. En su lugar plantó un pino, pues era el único ejemplar que no perdía su follaje durante el invierno.

Con el pino, se quiso simbolizar el amor a Dios, que no pierde su intensidad en ningún momento, y bajo ninguna circunstancia. El monje adornó el árbol con manzanas y velas, en elementos que representaban el pecado original, y a Jesús como luz del mundo.

A partir de 1800 la tradición alemana de decorar un árbol en navidad, se extendió por todo el continente europeo. Con el paso del tiempo las manzanas y las velas, con las que se decoraban las ramas del pino, fueron cambiando por luces, moños, listones y esferas como las que utilizamos hoy en día. Y se agregó un elemento nuevo, la tradición de poner regalos para los niños bajo el árbol.

En la actualidad, para la decoración se utiliza una gran diversidad de objetos y adornos, siendo los más tradicionales los siguientes:

La estrella: Se localiza en el punto más alto del pino. Representa la fe, recordando a la estrella de Belén.

Las esferas: representan a las manzanas que se utilizaban para simbolizar las tentaciones y pecados. Hacen referencia, específicamente, a las manzanas del árbol prohibido de Adán y Eva.

Lazos y collares: representan la unión de las familias y personas queridas que se reúnen en estas fechas.

Luces: La luz representa a Cristo, que ilumina, por sobre los pecados del mundo, a las familias y al mundo.

El resto de los adornos, tal como muñequitos, borregos, caramelos, y otras cosas, son añadidura cultural. Los árboles se pueden decorar de distintos estilos, mexicano, europeo, infantil, de colores, elegante, divertido, o de cualquier forma. Pero cuando hagamos nuestro árbol en estas fechas decembrinas recordemos su esencia.

La navidad no consiste en repartir y esperar regalos, ni en decorar nuestra casa. Consiste en repartir buenos sentimientos y decorar nuestro interior. Sea cual sea nuestra religión, aprovechemos estas fechas para procurar ser mejores personas, en nuestra familia, en nuestro trabajo, mejores ciudadanos, mejores padres, mejores hijos. Y repitámoslo diario. Ese es el verdadero milagro.

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