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Los arrepentimientos de Aristóteles, un sabio con remordimiento

alejandro magno y aristóteles

Aristóteles, quien fuera capaz de fundar la lógica, desarrollar la primera biología científica, escribir sobre ética y política, con amplio dominio de meteorología, física, astronomía, tanto como en teatro, literatura y teoría del arte, además de haber sido discípulo de Platón, maestro de Alejandro Magno en el Reino de Macedonia y fundador del Liceo en Atenas, escribió hacia el final de su vida una carta a su estudiante:

“En el crepúsculo de mi vida, tuve oportunidad de entrar en conversación con un sabio judío. No me llevó mucho tiempo darme cuenta de su gran sabiduría, y él me llevó a comprender cuan grande es la Torá que fue dada en el Monte Sinaí.  

Tomé conciencia de lo necio que había sido por no haberme dado cuenta de cómo Dios es capaz de manipular las leyes de la naturaleza.

 Mi querido discípulo Alejandro, si tuviera la posibilidad de reunir todos los libros que he escrito, los quemaría. Me avergonzaría mucho que algunos de ellos perdurara… me doy cuenta de que he de recibir un castigo Divino por haber escrito libros tan engañosos.

 Hijo mío, Alejandro, te escribo esta carta para decirte que la gran mayoría de mis teorías a la ley natural son falsas. Siento que he salvado mi alma al admitir mi error. Espero que no se me considere culpable por el pasado, pues he actuado por ignorancia. Sé que tú me alabas y me dices que soy famoso en todo el mundo a causa de los libros que he escrito.

 Aquellos que se consagran a la Torá obtendrán la vida eterna, mientras los que se dedican a leer mis libros obtendrán el sepulcro.

No te escribí antes porque temí que te enfadaras conmigo y tal vez hasta me hicieras daño. Pero ahora he tomado la decisión de decirte la verdad. Sé que cuando recibas la carta ya estaré muerto y enterrado, pues soy consciente de que se acerca el fin.

Me despido con saludos de paz, Alejandro de Macedonia, gran emperador y soberano.

Tu maestro,”

Aristóteles

Se dice que el filósofo Aristóteles tenía dos tipos de libros, los exotéricos y los acroamáticos. Los primeros conducían a las meditaciones sobre retórica, la capacidad de argumentar y al conocimiento de los asuntos civiles; los acroamáticos, trataban un saber más remoto, sutil y todo aquello que concernía a la contemplación de la naturaleza y las discusiones dialécticas.

La enseñanza de la disciplina acroamática era impartida por las mañanas en el Liceo y no admitía a cualquiera que no hubiera tenido ocasión de examinar su ingenio, los contenidos de su erudición, disposición y entrega al estudio. Ya por la tarde, utilizaba este mismo espacio para disertar sobre las disciplinas exotéricas, y éstas se las ofrecía a todo tipo de jóvenes.

 

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