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Barbie: el arma de destrucción masiva que lleva 50 años en nuestras casas

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Todos conocemos a la figura de plástico, con detalles extravagantes, cabellera generalmente rubia, un cuerpo que dejaría a cualquiera con la boca abierta y que se encuentra en la mayoría de los hogares del mundo. Con esta conocida figura nació hace 50 años, uno de los peores males para las mujeres que consumen sin discreción: la muñeca Barbie de Mattel.

Desde sus inicios esta muñeca tenía intenciones oscuras, su creador Jack Ryan, un diseñador industrial de Yale, era un fanático de los juguetes sexuales. En los setentas Ryan era lo que hoy definimos como un mujeriego pero también era un genio del diseño, tanta fue su astucia que convenció a los dueños de la marca juguetera Mattel para comprar a “Lilly”, una muñeca que era una distracción para los hombres adultos de Alemania, allá por 1952.

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En 1958 los dueños de Mattel, un matrimonio conformado por Elliot y Ruth, caminaban por las calles de Lucerna, Suiza cuando su hija Bárbara se encontró con esta muñeca que rompía con todos los estándares de juguetes en ese entonces, su cuerpo no era de bebé como el resto de los muñecos con los que normalmente jugarían las pequeñas para despertar su sentir materno y entrenarlas para ser buenas esposas. Este juguete tenía contornos pronunciados, su vestimenta y maquillaje eran atrevidos, seductores y además estaba inspirado en una prostituta.

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Fue tal el gusto de Bárbara por la muñeca Lilly que regresó a su hogar en Los Ángeles, con tres ejemplares en su mano, pero no pudo disfrutarlos mucho ya que su padre tenía planes más interesantes. La muñeca estaba siendo estudiada en la fábrica de juguetes. Su madre Ruth propuso crear un producto similar, poco tiempo después (dos años) logró convencer a los consejeros para comprar los derechos y así evitar que su comercialización les afectara, sin embargo el diseñador Jack Ryan no sacrificó la imagen de la pieza original con sus exageradas medidas y pronunciadas curvas.

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Barbie, que fue nombrada así por la hija de los dueños de Mattel, ha vendido billones y se calcula que se vende un millón de estas muñecas por semana, haciéndola una de las franquicias más rentables y la número uno en el giro de los juguetes a nivel mundial. Pero su impacto no se queda sólo en ridículas cifras de millones de dólares. La escritora mexicana Lydia Cacho aseguraba desde que tenía 20 años que Barbie era un instrumento que se le daba a las niñas para entretenerlas en el estereotipo del símbolo sexual estableciendo cánones de belleza inalcanzables y que fomentaba en las niñas que juegan con ella a ser una mujer artificial.

Las niñas que crecieron jugando con Barbie soñaron en convertirse en un paradigma de mujer imposible. Esta misma generación fue la que desarrolló una terrible enfermedad llamada anorexia, que hoy afecta a millones de personas alrededor del mundo.

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En el libro de Openheimer titulado “Toy Monster” reafirma que Barbie es un juguete sexual de un tipo que consideraba a las mujeres poco menos que objetos, un hombre que estaba fascinado por los prostíbulos, una persona que en las propias oficinas de Mattel recibía prostitutas cada vez más jóvenes de un proxeneta, en ellas encontraba la inspiración para crear la herramienta de destrucción masiva que terminó en las manos de millones de niñas del mundo.

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