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Cedrus libani

cedroHe aquí uno de los frutos de la naturaleza más simbólicos, de los elementos más emblemáticos del mundo que representa mucho de aquello que hoy conforma la cultura del mundo. Es el cedro libanés, también conocido como cedro de Salomón, una especie de árbol perteneciente a la familia de las pináceas. Es originario, como su nombre lo indica, de las montañas de la región mediterránea de Líbano y también en Siria y Turquía.

Éste no solamente es un pino cualquiera, ni siquiera una versión oriental. Se trata de un ejemplar que ha sido el más citado en la Biblia, utilizado desde la antigüedad por sus usos, y gráficamente como emblema de Líbano. Está hecho de uno de los tipos de madera más pesados y densos, y al mismo tiempo, suaves y aromáticos. Su talla, su follaje y su madera excelente, le hacen emblema de grandeza, nobleza y perennidad para muchos pueblos antiguos.

Pero, ¿qué lo hace tan misterioso y significativo al mismo tiempo? No sólo es su tradicional forma ni el hecho de que una gran cantidad de ciudadanos libaneses hayan elegido países latinoamericanos para fijar su residencia. De hecho se trata de un elemento bíblico, político y social, capaz de reunir bajo su sombra los intereses de toda una nación.

El Rey Salomón construyó su templo con maderas de cedro libanés. Este material también había sido usado para la carpintería del templo de Éfeso. Desde la antigüedad, sus aceites eran extraídos de las hojas, usado como bálsamo para desinfectar. Su resina era apreciada por los antiguos griegos y romanos para preservar sus valores.

En el antiguo Egipto se vivía con la obsesión espiritual entre la vida y la muerte y, en el mejor de los casos, lograr escapar de ésta última. Entonces, empleaban la madera del cedro libanés para la elaboración de ataúdes y amuletos sagrados. En los tiempos del reino de Judá, el Rey David vivía en un palacio hecho de cedro libanés que ciertamente seguía siendo sumamente cotizado. En los textos sagrados del Antiguo Testamento, el rey Salomón aseguraba que dios, Yavé, le había dicho a su padre: “Tu hijo, a quién pondré sobre tu trono en tu lugar, él edificará la casa a Mi nombre. Ahora pues, ordena que me corten cedros del Líbano, y mis siervos estarán con tus siervos” (1 Reyes 5, 5-6)

Además de mítico Templo de Jerusalén, del que hoy solamente sobrevive parte de los muros que fueran edificados mil años después para su reconstrucción, el Muro de los Lamentos, el cedro libanés ha estado presente en otros relatos religiosos y en otras edificaciones. Su madera se consideraba apropiada para construir casas a los dioses y a los reyes, incluso Jesucristo es representado en algunas versiones en el corazón de un cedro.

Dice bien el Cantar de los Cantares que el cedro libanés no se pudre y preserva el alma de la corrupción. Además, científicamente tiene la cualidad de ahuyentar insectos y gusanos por su peculiar aroma y es hoy utilizado para la fabricación de instrumentos musicales, joyeros y artesanías.

Hoy, quedan pocos ejemplares en la vida salvaje pues las inclemencias del clima han mermado los terrenos donde habitan, al igual que muchos otros seres vivos. El abuso en la explotación de la madera ha reducido al cedro libanés únicamente en un escudo nacional, pero ya no se ven los bosques tupidos enmarcados por cedros gigantescos. Es urgente comenzar cuanto antes a cuidar lo que es nuestro, lo que encontramos en nuestro país, pero también aquellos regalos de la naturaleza que ha puesto en países muy lejanos. Es muy importante que aseguremos a las próximas generaciones un mundo limpio y responsable, para que especies vegetales como el cedro libanés no existan sólo en una fotografía.

 

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