Home / Cultura General / Cuando confiesas cosas que no hiciste

Cuando confiesas cosas que no hiciste

Uno de los principales expertos en interrogatorios a nivel mundial, Saul Kassin, explica por qué en ocasiones se logra que un sospechoso confiese delitos que nunca cometió. Y también advierte que son sucesos que suceden mucho más frecuentemente de lo que nos gustaría creer.

Con la introducción de evidencias basadas en técnicas de reconocimiento de ADN se ha logrado exonerar a condenados que en realidad, eran inocentes y no fue sino hasta ese punto en los años 80 cuando fue más evidente el problema de confesiones inciertas bajo el efecto de poderosas influencias.

Kassin menciona sobre una técnica de interrogatorio que, de hecho, es una forma habitual de entrenar a los agentes dedicados a esta área del trabajo policial en Estados Unidos, donde un sospechoso inocente admite haber cometido delitos cuando una persona a la que consideran con autoridad les presiona lo suficiente.

El manual para interrogar comienza con una evaluación previa en la que el interrogador hace una serie de preguntas tanto irrelevantes como sustanciales, mientras se buscan señales de que el sospechoso esté mintiendo, tales como evitar contacto visual o cruzarse de brazos. Después de esto, las preguntas suben de tono y se acusa al individuo repetidamente, solicitando detalles concretos e ignorando sistemáticamente cuando niega su implicación. Al tiempo, se le ofrece simpatía y comprensión, minimizando implicaciones morales del crimen pero no así las legales.

Ante la sospecha de confesiones falsas, Kassin decidió modelar una técnica con estudiantes voluntarios. Solicitó que los estudiantes siguieran instrucciones rápidas ante una computadora advirtiéndoles que la prueba produciría un fallo si presionaban la tecla Alt. Sin embargo, el programa estaba diseñado para botar un fallo en todas las pruebas. Cuando ello ocurría, se le acusaba al estudiante de haber apretado la tecla Alt.

Al principio nadie confesaba pero luego se introdujo a un testigo cuya misión era asegurar que el estudiante había apretado la tecla en cuestión. Con ello, los estudiantes confesaban el doble de veces que aquellos estudiantes cuyo testigo aseguraba no haber visto nada.

De hecho, algunos estudiantes terminaban tan convencidos de haber propiciado el fallo que incluso, ¡se negaban a creer al investigador cuando les contaba la verdad sobre la prueba!

En otra de las variantes de la misma prueba, Kassin decía que contaba con el registro de las teclas pulsadas y que podrían corroborar que en efecto, el voluntario había pulsado la tecla Alt. Bajo esta variable, el número de estudiantes que confesaban, se disparó.

Kassin concluye que los estudiantes deseaban salir de allí en ese momento esperando que la posterior consulta del registro, les exonerara de la culpa. En este sentido, los estudiantes confiaban en el correcto funcionamiento del sistema y en la propia inocencia. Bajo esta fe ciega en el sistema, muchos están dispuestos a conceder una confesión falsa.

Recibe lo mejor de Un día más Culto en tu mail
Suscríbete a nuestro newsletter y recibe nuestro mejor contenido

Dejar un comentario

Desplazar hacia arriba