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Cuando México fue un centro de espionaje nazi

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Además del Escuadrón 201, solemos pensar que el papel de México en la Segunda Guerra Mundial fue mínimo, sin embargo, existen documentos e información que difieren con esta creencia, pues en los primeros años del conflicto, México ocupó un papel central como distribuidor de combustibles y otros materiales necesarios para fabricar armamento en Alemania.

¿Cómo fue posible que algo así sucedería? Bueno, la razón tiene nombre y apellido: Hilda Krüger.

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Nació el 9 de noviembre de 1912, en Colonia, Alemania. Desde pequeña mostró tener habilidades para actuar, por lo que estudio teatro y a poco tiempo de cumplir 20 años, Hilde ya había actuado como extra en varias producciones de la UFA (Universum Film AG), el estudio de producción más conocido de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y pilar clave para que el régimen nazi se expandiera en las mentes de los habitantes alemanes.

Su mayor papel llegó en la película Frau Eva wird, por la cual conocería al Dr. Joseph Goebbles, ministro de propaganda nazi de la época.

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Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Hilde abandonó a su esposo (un comerciante alemán mitad judío) para viajar a Inglaterra buscando oportunidades como actriz, sin embargo, su estatus de inmigrante le impidió cumplir su sueño, hasta que viajó a Hollywood y con el apoyo de un empresario industrial alemán, la bella y manipuladora mujer llegó a México.

En México, se cuenta que la inteligencia alemana Abwehr la buscó para que trabajara en beneficio del gobierno alemán a cambio de “reconocimiento económico”. Fue en ese momento que Hilde se cambió el nombre a Hilda para latinizarse y relacionarse con políticos importantes para convencerlos de que exportaran metales y petróleo a Alemania para poder llevar a cabo su guerra.

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Hilda se hizo amante de Miguel Alemán Valdés, quien por aquel entonces se desempeñaba como secretario de Gobernación para el gobierno de Manuel Ávila Camacho. Según información de Juan Alberto Cedillo, autor de “Hilda Krüger: Vida y obra de una espía nazi en México”, Miguel Alemán no fue el único de sus “amores”, Hilda se mezcló con diferentes políticos y empresarios para obtener información que le fuera útil para Alemania.

Mientras la guerra avanzaba, las fábricas alemanas se quedaban sin los insumos necesarios para continuar la fabricación de armas. Ante la creciente demanda, el contrabando mexicano de petróleo y mercurio aumentó de forma alarmante, además, gracias a la influencia de Krüger, se le dio al gobierno alemán un descuento del 50% en las tarifas de ferrocarriles.

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Por el año 1941, cuando comenzaron las filtraciones sobre el genocidio nazi, Estados Unidos entró a la guerra como un aliado de Gran Bretaña y al mismo tiempo, los norteamericanos urgieron al gobierno de Ávila Camacho para pronunciarse en contra de Alemania, Italia y Japón.

Al poco tiempo, el FBI descubrió el amorío entre Hilda y Miguel Alemán, por lo que solicitaron su captura y extradición. Sin embargo, Hilda no fue deportada, sino que contrajo matrimonio con el sobrino de Porfirio Díaz, con quien vivió un largo tiempo hasta que murió en Nuevo York.

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