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Descabellados experimentos militares

El desarrollo de armamento militar tiene un único objetivo: acabar con el enemigo.

Gracias a la ciencia ficción hemos conocido un sinfín de armas increíbles, algunas veces logran ser adaptadas para combatir en el mundo real, mientras que en otros casos, quedan únicamente como una mala, muy mala idea.

Bat-bombs

Desde tiempos ancestrales se usan animales como parte de estrategias militares, pero no tenemos ni idea de cómo es que a un grupo de científicos les pareció buena idea atar explosivos a murciélagos.

En 1940 este curioso proyecto recibió autorización, así que se crearon unas pequeñas mochilas cargadas con explosivos y un detonador de reloj. Estaba planeado lanzarse desde un avión B-29 sobre la línea enemiga. Cuando esto sucediera, los murciélagos naturalmente buscarían sitios oscuros para esconderse, como edificios, monumentos y casas.

Los brillantes científicos se olvidaron por completo de la impredictibilidad de los animales y durante la primera prueba un pequeño grupo escapó y, encontrando refugio en un depósito de combustible del ejército, lo hicieron volar en pedazos.

Arma solar de destrucción masiva

El partido Nazi fue una de las peores cosas que le pasó a la humanidad, aunque tenían el potencial para ser aún peores. Hitler y compañía tenían planeado un proyecto a largo plazo que comprendía la construcción de un espejo gigante, el cual sería lanzado en órbita para poder concentrar energía solar y utilizarla para erradicar ciudades enteras.

Por suerte ellos perdieron la guerra y no contaban con la tecnología suficiente para intentarlo.

Proyecto Habbakuk

Esta idea pensada por los ingleses durante la Segunda Guerra Mundial, era básicamente un iceberg con portaviones transportable.

Debía medir alrededor de 800 metros de largo por 30 de alto. Las paredes tendrían casi 12 metros de espesor y contaría con cientos de torretas antiaéreas.

¿El problema? Los costos de fabricar un barco de hielo y su mantenimiento resultaban aún más altos que fabricar 10 barcos convencionales.

Panjandrum

Durante la Segunda Guerra Mundial (nuevamente), las fuerzas aliadas estaban en busca de alguna tecnología que les permitiera atravesar los muros fortificados en la costa de Francia. ¿La solución? Atar un par de ruedas a un barril cargado con explosivos y propulsarlo con cohetes.

No tenemos que entrar en detalles, pero la idea se desechó en las primeras pruebas cuando el prototipo lanzado dio un giro de 180° y por suerte explotó antes de impactar a sus creadores.

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