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Dust Bowl

doustImagina que al despertar un día como cualquier otro, descubrieras que el mundo ha cambiado,  que al asomarte por la ventana no alcanzaras a ver los árboles ni edificios que observas todos los días, y que el mundo exterior ha sido absorbido por una obscuridad impenetrable. En la década de los 30, esta fue la realidad con la que vivieron miles de familias del sur de los Estados Unidos.

Durante la última mitad del siglo XIX, se integró en el territorio estadounidense lo que se conoció como la conquista del oeste, principalmente en las grandes llanuras de los estados del sur, con la finalidad de reclamar y utilizar las tierras no cultivadas por los pobladores indígenas.

Estas tierras parecían ser perfectas para el cultivo de trigo y maíz. Las granjas producían toneladas de comida y daban empleo a miles de personas que llegaban al oeste para encontrarse con una tierra fértil y productiva. Parecía ser el futuro del sueño americano, pero las cosas empezarían a cambiar, la sequía afectó a las llanuras y praderas y la tierra antes fértil, se transformó en un lugar desértico donde nada podía crecer.

Fue en este período cuando ocurrió uno de los peores desastres ecológicos del siglo, conocido como Dust Bowl. Este fenómeno se dio por la combinación de la sequía y los años de malas prácticas del manejo de suelo. La tierra había sido despojada de toda humedad y había quedado a merced de las fuerzas del viento.

El suelo, donde antes hubo sembradíos, estaba ahora cubierto de polvo que era levantado por el aire y creaba gigantescas nubes de polvo y arena, celajes impenetrables que evitaban el paso de la luz y hacían del mundo un lugar sucio y obscuro.

Estas nubes cubrían todo a su paso y las familias quedaban confinadas dentro de sus hogares, cubriendo cualquier ranura con trapos húmedos para evitar el paso del polvo. Pero nunca era suficiente, la polvareda encontraba la forma de entrar.

Durante las Tormentas Negras era imposible salir, el tamo se metía en la boca, los ojos y la nariz, y se sentía como miles de agujas sobre la piel. Pero incluso tras puertas cerradas la situación no era muy diferente. Por las mañanas la gente despertaba cubierta de arena y cualquier cosa que intentara cocinar se llenaba de tierra, incluso el agua que tomaban estaba contaminada.

Además de la destrucción de las tierras, estas tormentas causaron estragos en la salud y brotes de misteriosas enfermedades respiratorias. El polvo que se metía a los pulmones, causó la muerte de miles de niños y adultos.

El Dust Bowl afectó a 200,00 kilómetros cuadrados, dejando 20 millones de hectáreas, tierras y sembradíos devastados, más de tres millones de habitantes dejaron sus granjas y más de medio millón emigró a otros estados.

La tierra, siendo fértil, fue explotada y utilizada hasta agotarse. Los hombres creyeron que el mal uso de los recursos no tendría consecuencia y al darse cuenta del daño que habían causado, ya era demasiado tarde. La imponente nube de polvo avanzaba hacia ellos con una fuerza  que no podría ser contenida.

Todos corremos el riesgo de encontrarnos en medio de una catástrofe o un desastre natural. No podemos pronosticar cuándo y cómo será un terremoto, pero sí podemos garantizar que de seguir arrasando con el planeta y con los recursos naturales, eventos normales como lluvias se convertirán en inundaciones, el calor en insolaciones y sequía y el temporal en huracán. En lugar de un planeta noble y generoso, nos encontraremos en medio de un lugar inhóspito y hostil, y la humanidad tendrá sus días contados.

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