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¿Educar por septenios?

Al nacer nos emancipamos del cuerpo materno. Siete años después, liberamos el pensamiento imaginativo de las fuerzas vitales centradas en el cuerpo o las formativas. A los catorce años, durante la pubertad, el organismo espiritual conecta con el pensamiento y puede formar los cimientos del juicio independiente y la madurez del yo.

Tal fue el concepto de Rudolf Steiner quien por primera vez, habló del desarrollo por septenios en 1907 en su obra titulada La educación del niño a la luz de la ciencia espiritual. La imagen de Steiner no se limita a los cimientos individuales de cuerpo, vida, alma y mente, sino que plantea una emancipación progresiva de dichos niveles que conforman los cimientos de la autoconsciencia y autocontrol.

Según Steiner, tras el nacimiento físico prevalecen los procesos inconscientes pero a medida que el organismo se construye, las habilidades tanto motoras como perceptivas se desarrollan a través de la imaginación; el aprendizaje es pues, irreflexivo y basado en la imitación.

Con la habilidad de recordar, los niños a partir de los tres años, los acontecimientos se convierten en experiencias y después de los cinco, la cognición se habrá desarrollado mucho más.

En el segundo septenio el aprendizaje se basa en la relación emotiva. Los niños distinguen entre las experiencias interiores y su percepción externa. A partir de los doce años, el poder de imaginación del niño disminuye y crece la necesidad de comprender el mundo a través del pensamiento.

Después de los catorce, se desarrolla el poder del juicio independiente.

Steiner caracteriza los fundamentos corporales de desarrollo humano en términos evolutivos donde la entidad alma-espíritu antecede al nacimiento y ha experimentado repetidas encarnaciones. De ahí que la tesis de Steiner derive en que no es posible educar tal individualidad. Steiner entonces, sugiere que la educación debería tener por objeto establecer las condiciones para que el desarrollo del cuerpo permita que la individualidad se realice o personifique.

 

«Los años fluyen en el correr del tiempo,

dejando al hombre los recuerdos,

y en los recuerdos se entretejen para el alma,

el ser y el sentido de la vida.

Vivencia el sentido, confía en el Ser

y el Ser cósmico se unirá con el núcleo de tu existencia.»

Rudolf Steiner

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