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El Alfabeto

“¡Es sopa de letras jugando en un tazón, muévelas, cámbialas, forma una oración; escribe bien tu nombre y canta esta canción: la sopa de letras vamos a preparar, a preparar!”. Ya lo decía Gaby Rivero, en la canción infantil para conocer el abecedario. Acomódalas y forma la palabra que quieras, este es el magno invento de la humanidad, el abecedario.

Según la Real Academia Española el alfabeto es el conjunto de los símbolos empleados en un sistema de comunicación. El primer alfabeto del que se tiene conocimiento es el fenicio. Sin comprobarse aún, se cree que se inventó en Byblos, ahora Líbano, o Waset  ahora Luxor, Egipto hacia el 1200 a.C.

Los fenicios eran un pueblo meramente comerciante; definieron 22 signos que representaban 22 consonantes, y las vocales carecían de símbolo. Cada letra tenía un sonido que era figurado gráficamente con líneas.

Los griegos evolucionaron el alfabeto en su versión a la que agregaron vocales. Ellos conservaron prácticamente todas las letras originales aunque las llamaron y las trazaron de forma distinta; para complementar los sonidos de su lengua, agregaron tres letras al final del abecedario.

Sin embargo, el alfabeto en castellano como lo conocemos tiene origen en los romanos. La península italiana estaba habitada por griegos, etruscos y latinos; los habitantes de la zona utilizaron el latín como lengua y adoptaron un híbrido del alfabeto etrusco y el griego. Ellos no utilizaron las letras Z, Θ, Φ y Ψ, en cambio agregaron la f que no encontraron en los otros dos abecedarios. El alfabeto romano se veía así: A B C D E F H I K L M N O P Q R S T V X.

Las consonantes son similares a los huesos del cuerpo, mientras que las vocales son como los cartílagos que las unen. Si pronunciamos en voz alta “scrtra”, nos viene a la cabeza la palabra “escritura” ¿cierto? Así, el mundo ha sido capaz de crear un conjunto de signos y símbolos, escritos y orales, que son parte casi genética del cerebro humano, y que está inscrito en nuestro ADN.

Hoy, podemos leer lo que se escribió hace mil años, y entenderlo. Hoy podemos dejar testimonio de nuestro mundo y poder descifrarlo dentro de otros mil. Sepamos apreciar el verdadero tesoro que nos han regalado nuestros antepasados; sigamos escribiendo y hagámoslo correctamente. Mantengamos vivas a las letras, pues ello nos define como la humanidad que hemos sido.

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