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El buraq

burakDentro de la tradición Islámica existe un ser que suele ser descrito como “un animal blanco y grande, más largo que un burro pero menor a una mula, que puede poner su pezuña a una distancia igual a la que alcanza la vista.” Es el Buraq, pintado a menudo como una bestia con cara de mujer en la literatura libanesa o también como una criatura híbrida, parte águila y parte caballo,  posiblemente inspirada en las leyendas del Presago griego y el Shedu babilónico.

El primer versículo del capítulo diecisiete del Corán atestigua estas palabras: “Alabado sea el que hizo viajar, durante la noche, a su siervo desde el templo sagrado hasta el templo que ésta más lejos, cuyo recinto hemos bendecido, para hacerle ver nuestros signos”. Se dice que El Alabado se refiere a Dios, que el siervo es Mahoma, que el Templo Sagrado es la Meca, y el templo distante es Jerusalén, y desde Jerusalén el profeta fue transportado al séptimo cielo.

En las versiones más antiguas de la leyenda, Mahoma es guiado por un hombre o un ángel; en la fecha posterior, se recurre a una caballería celeste. A esta caballería le llamaron Buraq, cuyo nombre quiere decir “resplandeciente”. Los musulmanes de la India suelen representarlo con cara de hombre, orejas de asno, cuerpo de caballo, alas y cola de pavo real.

Y a pesar de las diferencias en el perfil físico, su sexualidad e incluso sus poderes, el Buraq es el ser que guió a Mahoma en su trayecto desde la Meca hacia Jerusalén, para cumplir con las profecías.

Una de las tradiciones islámicas refiere que Buraq, al dejar la tierra, volcó una jarra llena de agua. El profeta fue arrebatado hasta el séptimo cielo y conversó con cada uno de los patriarcas y ángeles que lo habitaban. Atravesó la unidad y sintió un frío que le heló el corazón cuando la Mano del Señor le dio una palmada en el hombro. El tiempo de los hombres no es conmensurable con el de Dios; a su regreso, el profeta levantó la jarra de la que aún no se había derramado una sola gota.

Se resume como una mitología en la que el Buraq no se vuelve a mencionar, no muere, no se sabe como nace. Ésta para cumplir su función y al dejar la tierra desaparece. Se especula que al día de hoy, 1,200 millones de fieles islámicos creen en el Buraq. Incluso, algunos estudios sugieren que la figura de el Buraq pudo haber sido influenciada por el Pegaso, antigua criatura de la mitología griega. Pegaso es un caballo alado que nació de la sangre derramada de Medusa y que cuando volaba, movía las patas como si corriera por el aire. Aunque no está confirmado, ambos equinos comparten algunas características físicas.

Todos los libros sagrados, sean de la religión que sean, contienen fragmentos de situaciones o personajes que no logramos comprender. Además, existen vacíos alrededor de ellos, haciendo aún más difícil entenderlos. Y sin embargo, los asuntos de la fe deben resolverse no desde la cabeza ni con la razón. Es necesario observarlos desde la óptica espiritual de la cual todos tenemos un poco.

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