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El despertador humano

Hace ya varios años, cuando el avance tecnológico aún iba lento, trabajar en las ciudades era una costumbre muy popular y la gente vivía a partir de horarios establecidos en vez de horarios “naturales”, como se usaba en trabajos de campo.

Por el año de 1920 aún no existían los relojes despertadores, por lo que la sociedad tuvo que acudir a una solución más simple: pedirle a alguien que les tocara la puerta por la mañana.

El knocker-upper fue una profesión durante la Revolución Industrial en Inglaterra e Irlanda alrededor de 1920 y su trabajo consistía en despertar a la gente para que llegaran a sus respectivos trabajos a tiempo.

No era tan sencillo, los que se dedicaban a esto tenían herramientas especiales, utilizaban una vara para golpear la puerta de sus clientes o arrojaban piedras a sus ventanas. A ellos les pagaban de manera semanal y ni siquiera se cercioraban de que el cliente hubiera despertado. Cuando el cliente vivía en un edificio alto, el despertador golpeaba hasta la ventana con una vara lo suficientemente larga.

Muchas personas que se dedicaban a esto, en especial en las ciudades más desarrolladas como Manchester, eran hombres y mujeres viejos y algunos oficiales que buscaban ganar un dinero extra.

Una de las menciones más conocidas de esta profesión es en el libro de Charles Dickens Great Expectations, o “Grandes esperanzas”, pero a pesar de todo es una de esas usanzas que son tan temporales que las quitamos de la memoria colectiva y las olvidamos para siempre, pero recordarlas nos ayuda a pensar cuando la vida era  más simple.

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