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El hombre que cambió la historia de un pueblo de pésima reputación: Vikingos

barco vikingo

Quizá no exista en toda la historia europea un pueblo con peor reputación que la de los vikingos quienes se ocuparon de saquear a placer, matando y sembrando el terror a su paso desde el mar del Norte hasta el Mediterráneo.

Durante casi tres siglos, buena parte del continente vivió bajo amenaza de sorpresivas incursiones anunciadas por la llegada de unos barcos raudos y ligeros provenientes de Dinamarca o Noruega. Poco antes de tocar la costa, sus tripulantes saltaban a tierra y se lanzaban al ataque con hachas, lanzas y espadas.

En uno de los ataques más dramáticos, los vikingos profanaron los altares del monasterio de Lindisfarne, de la costa oriental de Inglaterra. En apenas unas horas, los atacantes habían matado a la mayoría de los monjes y tomado como esclavos a los sobrevivientes. Profanaron altares, arrasaron el oro y joyas para después, retirarse por donde habían llegado.

Igualmente, atacaron la ciudad de Ruán en el norte de Francia y posteriormente Hamburgo. Luego París, York, Dublín y Londres. Una y otra vez los vikingos atacaron los monasterios francos. Un botín fácil.

Y de pronto, un hombre cambiaría la historia.

vikingos

En algún lugar de lo que hoy es Dinamarca, un guerrero vikingo Harald Diente Azul cambió para siempre el curso de la historia de su pueblo cuando este rey y Poppo, monje eclesiástico enviado para cristianizar al norte pagano, tuvieron un encuentro para discutir la magnificencia y poder del dios de cada quien.

A Harald Diente Azul, no le interesaban las escrituras, la Biblia o historia, él quería una prueba contundente. Así, el monje posó la mano sobre un hierro al rojo vivo, técnica ampliamente utilizada para determinar la verdad ante un tribunal de justicia. Cuando Poppo retiró la mano del metal ardiente, no había sufrido daño alguno. Bajo esta señal sucedió la conversión de Harald y su pueblo.

Hacia el año 965 fue celebrado su bautizo inaugurándose así una nueva era para los vikingos y el inicio del proceso de su integración definitiva a la Europa medieval.

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