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El síndrome del sombrerero

madhatter

Si recuerdan Alicia del País de las Maravillas, tienen presente al personaje del “mad hatter” o el sombrero loco, pues resulta que está relación entre la profesión y la salud mental no fue parte de la imaginación de Lewis Carroll. Al parecer, en el siglo XIX se desarrolló un síndrome común en los fabricantes de sombreros debido al uso de mercurio para limpiar el fieltro.

El mercurio era inhalado durante años y ocasionaba que se intoxicaran de manera crónica. A está patología también se le llama eretismo mercurial que consiste en padecer trastornos psíquicos como depresión, crisis de llanto, pérdida de memoria, insomnio, indiferencia por la vida, alucinaciones y hasta esquizofrenia.

Los síntomas que padecían los sombreros eran muchos, entre ellos úlceras, diarreas, anorexia, temblor en manos, y lo que llamamos hoy desorden neurológico.

La historia del uso del mercurio fue adoptado en Francia desde el siglo XVII cuándo ya se conocían los peligros de la exposición a esta sustancia. Este proceso se mantenía en secreto en Francia, donde la actividad de hacer sombreros se convirtió en una ocupación riesgosa. Este secreto se esparció hasta Inglaterra. En la época Victoriana el padecimiento del sombrerero formó parte del vocabulario local en expresiones como “mad as a hatter” (loco como un sombrerero).

En 1869 la academia de medicina francesa demostró los riesgos relacionados con el uso del mercurio en la profesión de hacer sombreros.

En los Estados Unidos, se propuso un proceso basado en clorhidrato y se patentó en 1888 para no usar mercurio pero esto, lamentablemente, se ignoró.

Mientras los sombreros veían este problema como un precio que debían de pagar por su trabajo y no como una enfermedad que se podía evitar, sus jefes ignoraban el problema.

Parece que, dado los hechos históricos, sólo fue por las necesidades de la guerra que exigía el mercurio, que los sombreros dejaron de utilizar el mercurio nitrato en los Estados Unidos.

En una reunión que organizó el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos en 1941, los empresarios aceptaron de manera voluntaria a usar el proceso alternativo que constaba de usar peróxido de hidrógeno.

Una historia triste que demuestra cómo las necesidades económicas del hombre se ponen en primer plano ante algo tan esencial como lo es la salud.

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