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Filosofar es más fácil de lo que crees

Anteriormente, el estudio de la filosofía constituyó una actividad intelectual específica cuyos practicantes gozaban de prestigio destacado al ser considerados sabios y quienes podían aportar orientación respecto de los problemas más trascendentales de la vida como la vida misma, la muerte, Dios, la felicidad, el conocimiento, etc.

Actualmente, la filosofía según los filósofos, no es una actividad opcional ni complementaria para el hombre, sino que se trata de una labor necesaria y natural.

Aristóteles sostenía que hay muchas cosas útiles y actividades más urgentes y apremiantes que la filosofía, pero no hay ninguna de ellas que valga más, porque la filosofía es el hombre mismo y todo lo demás le sirve a éste.

Aunque lo contrario pudiera parecer, filosofar no requiere una elevada inspiración sino que parte de la propia historia, alineando y ordenando el pensar con el mundo, entre la persona y el tiempo suponiendo un progreso e incluso clarividencia de aquello que pensamos.

Esta actividad no es algo mítico o heroico, aunque tampoco es la salvación ni funciona para encontrar el sentido al mundo que nos rodea. Aunque entre tanta cotidianidad vale preguntarse a dónde fue a parar lo que una vez fuimos, vale filosofar al respecto.

El filosofar sucede cuando percibimos que lo más conocido, lo cotidiano, terreno, familiar e imperceptible, de pronto surge como una falla o un vacío. Cuando lo cotidiano se sacude perturbando la calma rutinaria, es como, tal vez, logramos desentrañar lo excéntrico de nuestros actos dentro de la rutina y nos atrevemos a discurrir en nuestros propios pensamientos.

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿La vida, el hombre, la existencia, la felicidad? ¿Soy realmente libre? ¿Qué es la verdad, la realidad, la percepción?

Y es que el hombre es un animal que pregunta. El hombre es un ser muy curioso, tan curioso que no tiene más remedio que filosofar. Tener hambre y sed de preguntas ya es en sí filosofar.

Preguntar incluso sobre lo que parece obvio sobre fenómenos, sucesos, eventos, hechos, realidades, nunca en realidad, es realmente obvio, sino que es meramente la antesala del planteamiento de un problema que genera múltiples preguntas sobre las que a su vez, derivan más preguntas cuyas respuestas dejan insatisfecho al insaciable deseo de saber… de ahí el amor a la sabiduría.

El hombre necesita de la filosofía y requiere de filosofar porque ello da respuesta a sus eternas preguntas.

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