Haiku

haiku

La primavera pasa;
lloran las aves
y son lágrimas los ojos de los peces.

El haiku es una forma de escritura japonesa que consta de 17 sílabas que suelen estar organizadas en 3 versos de 5-7-5 sílabas en cada uno.

El haiku esta relacionado con la cultura zen o sintoísta en la que la naturaleza es un objeto poético en sí mismo. Aunque los primeros rastros de este tipo de poesía están en el Manyoshu, una obra clásica de poesía del siglo VIII en la que aparece esta misma estética de asombro por lo que ocurre en la naturaleza. Esta espiritualidad era anterior a la visión zen o sintoísta del mundo, se relacionaba a una sola cosa: la expresión y contemplación japonesa.

En el siglo XVII el monje budista, Matsuo Basho presentó haikus a la gente en Japón manteniendo siempre ese componente espiritual característico del poema. Él fue el que logró que el conocimiento del haiku se expandiera. Algunos de sus haikus llegaron a muchos países que a su vez buscaron traducir estos casi imposibles acertijos de 17 sílabas. Acertijos en el sentido de que traducir del japonés una imagen breve puede ser un gran reto.

Sin embargo la antigüedad del estilo de poema le da esa característica de asombro primitivo. Pues a diferencia de lo que ocurrió en el siglo XVII en países relevantes en poesía como España, Inglaterra o Alemania, en los que entre más complejo era el lenguaje más poético era, los japoneses estaban arraigados al sentido mismo de las cosas que nombraban.

En realidad el haiku es lo opuesto a la poesía clásica europea, dado su carácter de ser breve, es casi imposible poner una palabra que no “muestre” algo.  Aquí entra lo interesante de este recurso estético, el haiku funciona como una imagen breve. Podría ser la muestra de un instante, el acceso a ese instante de la naturaleza conlleva una conexión con lo más importante del zen: vivir el presente. El haiku es casi una herramienta para sentir lo sagrado y lo inconmensurable de un instante.

Ahora hay haikus de muchos tipos, algunos humorísticos pero todos se siguen basando en esa misma regla primordial que es “mostrar”, “presentar” una imagen y hacer que el lector la experimente al mismo tiempo que la lee.

 

Sobre la rama seca
un cuervo se ha posado;
tarde de otoño.

 

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