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Jasón y Medea, amor y tragedia

medeaJasón, el célebre mítico héroe griego, príncipe de Yolco. Medea, la princesa hechicera de Cólquida. El vellocino de oro, el retorno anhelado de Jasón a su trono robado y el encuentro con la mujer de quien se enamoraría tanto como para dejarlo. Al final, la historia de Jasón y Medea podría compararse con la vida marital de cualquier pareja contemporánea, llena de pasión y arrebatos locos, la rebeldía contra los padres por defender el amor, el capricho de la juventud y los problemas que vienen con los años. A que no conocen la verdadera historia de amor trágico detrás del Vellocino de Oro, Jasón y Medea.

Todo comienza cuando el tío paterno de Jasón, Pelias, se apodera del trono que le pertenecía a Jasón, teóricamente hasta que su sobrino alcanzara la mayoría de edad, típico. Pero ya instalado en el poder, Pelias fue advertido por el oráculo sobre un hombre que calza una sola sandalia, pues él es el peor peligro para su trono. Entonces, Jasón fue enviado a recibir la educación apropiada bajo la tutela del centauro Quirón hasta alcanzar la adultez.

Al cumplir los veinte años, Jasón emprende su regreso a Yolco dispuesto a recuperar su trono. Vestía de forma extraña, cubierto con una piel de pantera sobre los hombros, una lanza en cada mano y, sí adivinaron, el pie izquierdo descalzo. Según algunos, la sandalia la había perdido al cruzar un río donde ayudaba a Hera disfrazada de anciana.

Ya se podrán imaginar la cara de Pelias al ver al muchacho tal cual le advertían las profecías. Al principio no advirtió que se trataba de su sobrino pero al darse cuenta, la cosa estaba peor que antes. Para no armar un lío muy grande, llevar el problema por la vía de la legalidad y alejar al adolescente cuanto antes de sus tierras, Pelias decide enviarlo a una misión, un tanto complicada. La idea era que Jasón viajara al pié de Cáusaco a traer el vellocino de oro, la piel de un fabuloso carnero hecha del precioso metal, que estaba depositado en un árbol custodiado por dos toros que arrojaban fuego por el hocico y una serpiente que nunca dormía, y regresara vivo para contarle cómo le fue.

Jasón como todo buen mozalbete aceptó soberbio el encargo; se embarcó en la nave Argo, por consejo de Atenea y acompañado de los héroes griegos, Argonautas, se hizo a la mar con destino a la Cólquida, el pié de Cáucaso. En su camino se encontraron la isla de Lemnos, habitada solamente por mujeres. La reina Hipsípila les contó que habían sido castigadas por Afrodita al no rendirle culto, dotándolas de un olor tan desagradable que sus hombres las rechazaban, y enfurecidas, las lemnias mataron a los hombres. Pero ni tardes ni perezosos los Argonautas se unieron a las mujeres y después de caricias y arrumacos partieron de nuevo. Jasón dejó detrás de sí, dos hijos de Hipsípila, Euneo y Nebrófono.

Después de muchos obstáculos y gracias al consejo del ciego Fineo, luego de sortear el peligro de las Rocas Azules, llegaron finalmente a la Cólquida. Jasón anunció a su rey, Eetes, el propósito del viaje. Eetes le dejó claro que le permitiría llevarse el vellocino de oro siempre y cuando consiguiera atar a los dos toros que lo custodiaban, arar el campo con ellos y arrojar en los surcos los dientes que Atenea había entregado al rey. Luego debía vencer a la serpiente que nunca dormía y que permanecía al pie del árbol donde se encontraba el premio.

Pero en ese momento, Jasón conoció a Medea, la hija del rey y se enamoraron apasionadamente el uno del otro. Medea era hechicera y bruja, y tenía conocimiento de la magia negra. Por supuesto que en cuanto supo lo de la peligrosa hazaña ofreció su ayuda a Jasón, bajo la promesa de llevarla consigo a Yolco. Así, dio a Jasón una pócima que le hacía inmune a los toros y una vez sometidos aró la tierra. Al lanzar los dientes en los surcos, brotaron de ellos cientos de hombres armados, pero Medea lanzó a ellos una piedra y el ejército se enfrentó entre sí. Luego, Medea provocó a la serpiente un profundo sueño y su amado pudo apoderarse de la preciada piel.

Al huir con sus hombres, y por supuesto con la chica, el rey Eetes mandó perseguirlos. Pero en la guerra y en el amor todo se vale y aquí se combinaban tanto la guerra como el amor; Medea mató a su hermano menor, lo despedazó y arrojó sus restos al mar. Atrás de los jóvenes fugitivos y los Argonautas, se perdía de vista el rey Eetes que abatido recogía los restos de su vástago inmolado.

Pero el viaje de regreso también ofrecía la garantía del peligro, la aventura, tempestades y sirenas cazadoras, ataques de monstruos y gigantes. Al fin llegaron a Yolco donde la cosa se ponía tensa. Jasón entregó a Pelias el vellocino que, sorprendido por el triunfal regreso de su sobrino, no cedería tan fácilmente, por lo que sería necesario exterminarlo. Entonces Medea convenció a la hijas de Pelias que podría devolver la juventud a su padre si lo partían en trocitos y lo cocinaran y éstas tan atentas con su padre lo hicieron. Entonces Acasto, el hijo de Pelias expulsó a los conspiradores.

Derrotados pero contentos, Jasón y Medea huyeron a Corinto donde vivieron felices durante diez años. Procrearon ahí dos hijos, símbolo de un amor que no tardaría mucho en evaporarse. Jasón comenzaba a repudiar a Medea pues ya había sido flechado por Glauca, hija del rey de Corinto. Medea loca de celos envió a sus dos hijos con un venenoso obsequio para Glauca, acabando con su rival pero también con sus pequeños. Ella sabía que la muerte les sucedería de llegar con semejante presente, pero sus ganas de destrozar la vida de Jasón eran mayores que su propia maternidad.

Tal como sucede con los divorcios de hoy en día, Jasón regresó a Yolco dispuesto en una lucha contra Acasto y su esposa, esta vez logrando la victoria y por fin la ocupación del trono. Se dice que años después, se suicidó a causa de las tragedias ocasionadas por su ex mujer, Medea, aunque hay quienes afirman que de hecho murió al caerle encima un trozo de madera podrida de su vieja nave Argo.

Errante por el mundo, Medea al fin encontró resguardo en Atenas, donde desposó al rey Egeo quien tenía la esperanza de que la hechicera pudiera hacerle concebir un hijo. Y estaba en lo correcto pues años más tarde, Medea le dio a su heredero Medo. Claro que Egeo había omitido algunos datos sobre su pasado al conocer a Medea y un buen día llegó a Atenas Teseo, hijo secreto de Egeo. El futuro de Medo estaba en peligro pero a pesar de los planes de exterminio de Medea, Teseo la obligó a huir nuevamente, esta vez con un niño en brazos.

Se dice que Medea encontró refugio en Italia donde enseñó a los nativos el arte de hipnotizar serpientes. Ellos la veían como diosa, y la nombraron Angitia. Dicen también que Medea no murió, sino que se convirtió en un ser inmortal y vivió en los Campos Elíseos, donde encontró al fin el amor al lado de Aquiles.

 

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