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La batalla más extraña de la Segunda Guerra Mundial

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Mucho se ha dicho, escrito e incluso inventado acerca de la Segunda Guerra Mundial, pero es que tan grande suceso en la historia de la humanidad da para muchos temas de conversación. Uno de los más impresionantes es el que menos atención ha llamado y es que el 5 de mayo de 1945, alemanes y estadounidenses unieron fuerzas y pelearon codo a codo por el bien de Francia.

 

 

Días después de que Hitler se suicidara en su búnker y pocos días antes de la completa rendición nazi, 3 tanques Sherman de la 12ª División Blindada de Estados Unidos llegaron al castillo de Itter, ubicado en la zona del Tirol, Austria. En ese lugar los alemanes mantenían a sus prisioneros más importantes del régimen Francés como los ex primer ministros Édouard Daladier y Paul Reynaud, altos mandos del ejército y otras personalidades de ese calibre.

Schloss Itter (Itter Castle) in July 1979. Photo by S.J. Morgan.

Evidentemente, los últimos nazis tenían que recuperar el castillo, ya que además de tener a los prisioneros, el castillo está ubicado en una zona estratégica. Los encargados de recuperarlo fueron las fuerzas de élite Waffen-SS. La división estadounidense se preparó para defender el castillo, fue entonces que alemanes anti-nazis de la Wehrmacht y los prisioneros franceses se unieron a la fuerza resistente.

 

Por única ocasión en la Segunda Guerra Mundial, tropas estadounidenses y alemanas unieron fuerzas dejando de lado sus diferencias. Superados en número y preparación militar, los que estaban dentro del castillo resistieron el ataque. Justo cuando la SS estaba por volar la puerta principal con un lanzagranadas, otra unidad de infantería americana junto con soldados de la resistencia austriaca llegaron para apoyarlos.

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Historiadores como Stephen Harding retrata esta batalla en su libro “The Last Battle” y habló acerca de ella con la BBC donde asegura: “Si hubieran conseguido meterse en el castillo y matar a las personalidades allí reunidas, la historia de la Francia de posguerra habría sido radicalmente diferente. Estas personas formularon las políticas que llevaron al país al siglo XXI. Si hubieran muerto, ¿quién sabe qué habría pasado?”.

 

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