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La Castañeda: La locura, 100 años después

Sobre el terreno de una vieja hacienda pulquera, se erigía un complejo de 25 edificios conocido como La Castañeda. Inaugurado en 1910 por Don Porfirio Díaz, este complejo fue planeado para funcionar como un hospital donde concentrar a 1,200 pacientes psiquiátricos, que hasta el momento se encontraban encerrados en casas de asistencia e internados en condiciones inadecuadas.

La construcción del edificio estuvo a cargo del ingeniero Salvador Echegaray, quien por orden del Presidente Díaz, creó una edificación con estilo clásico francés, la cual era reconocida por la belleza de su majestuosa fachada.

Entre 1910 y 1968, La Castañeda estuvo habitada por niños, delincuentes, ancianos, alcohólicos, retrasados, suicidas, drogadictos, prostitutas, y todos aquellos que resultaran desagradables para la sociedad. Los habitantes, estaban distribuidos en diferentes pabellones, el de los pacientes distinguidos, el de observación, los violentos, los serenos y el de los infecciosos, o mejor dicho, indeseables.

La Castañeda fue considerada como un lugar innovador donde los pacientes recibían las mejores atenciones y tratamientos, además de talleres y actividades terapéuticas. Sin embargo, a partir de su inauguración comenzaron a surgir historias de injusticias y maltrato a los internos. Entonces, varios periodistas se infiltraron en las instalaciones para confirmar los rumores y recopilar los testimonios de los internos.

Los periodistas salieron de ahí con historias de abusos, el personal quemaba con agua caliente a los pacientes, y otros casos en los que los pacientes eran puestos a dormir en el piso, privados de alimento e incluso golpeados y maltratados. También registraron que el lugar carecía de condiciones de higiene, por lo que surgían muchas enfermedades que se esparcían rápidamente, deteriorando la frágil salud de los habitantes del hospital.

En su mejor momento, La Castañeda fue el lugar de formación de generaciones de psiquiatras. Allí se implementaron técnicas novedosas y modernas, y fue reconocida como el mejor lugar  para controlar y erradicar la locura, que generaba temor entre la sociedad y era considerada como el mayor  impedimento para el desarrollo de México.

Finalmente, debido a las pésimas condiciones, los abusos, la insalubridad y la corrupción por las que se regía el centro, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz decidió, en 1967, clausurar oficialmente La Castañeda. En su lugar, creó un conjunto de granjas-hospitales en las afueras de la ciudad, a donde fueron trasladados los casi 5,000 habitantes del antiguo manicomio más grande de México.

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