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La inocencia y la imaginación

cinderella

Cuando somos niños, tenemos cierta sensibilidad que se puede desarrollar a mayor o menor grado dependiendo de lo que nos platiquen o los cuentos que nos cuenten de pequeños. Si desde chicos nos abren la mente a posibilidades mágicas, como lo son Santa Claus, el Ratón, las princesas, las hadas madrinas, etc… nuestra capacidad imaginativa crece.

Un crítico literario llamado Samuel T. Coleridge hablaba del desarrollo de una imaginación Romántica por medio de la literatura fantástica. Entre más historias nos cuenten más imaginativos nos volvemos, pues tomamos en cuenta posibilidades aunque no sean de este mundo.

También explica Coleridge que la visión de los adultos es limitada porque regulan sus credos a través de la vista y la de los niños es más amplia porque los regulan a través de la concepción que tienen de las cosas.

A muchas personas esta habilidad imaginativa les parece contraproducente, ya que consideran que la “sanidad mental” está relacionada con lo racional. Pero todo el punto de la literatura fantástica es que cause un placer al leerla. La literatura para niños podría ser despojada de las moralejas y enseñada con el mero propósito de entretener, de abrir posibilidades mágicas y hacer del mundo fantástico un escape para pasarla bien. Un consejo que aplica perfectamente a los adultos.

Si leemos La Cenicienta de los hermanos Grimm ahora, podemos descubrir que es un tesoro literario, la magia de los animales cantando, lo siniestro de lo que ocurre con la zapatilla, las muertes y el amor descritos con un estilo particular de ellos que ha provocado que se siga leyendo en esta época.

Aquí el link al cuento romántico.

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ale/grimm/la_cenicienta.htm

 

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