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La Maldición del Faraón

Los egipcios tenían un respeto especial por sus faraones por lo que realizaban diferentes rituales cuando ellos morían.

Se conocía que las Pirámides de Egipto eran una forma de enterrar a los faraones, pero en la dinastía XVIII o 1300 a. C. se excavaban grandes tumbas que se llenaban de objetos preciosos, comida para su vida posterior y el cuerpo embalsamado dentro de un sarcófago.

Existen diferentes mitos y rumores sobre todos estos tesoros escondidos bajo tierra con el pretexto de las tumbas, pero no ha sido tan fácil descubrirlas, no solo por su carácter antiguo, sino también por las supuestas maldiciones que existen para todo el que se atreve a molestar el sueño del faraón descansando.

La tumba de Tutankamón permaneció bajo tierra por más de 3,000 años. Existen evidencias de que había sido saqueada algunos años después de haber sido enterrada, pero algunos años después, fue olvidada.

Fue hasta 1920, que el egiptólogo, Howard Carter descubrió la existencia de la tumba que ya era desconocida y con ello, el nacimiento de lo que se convertiría en un suceso metafísico que cobraba importancia empírica en los medios. Pues cuando los arqueólogos  pudieron acceder a la cámara principal del faraón, empezaron a morir en situaciones bastante extrañas.

Los primeros cuartos encontrados estaban llenos de tesoros bellísimos, pues la tumba se considera una de las mejores conservadas de la historia. Y los que vivieron la experiencia de entrar en tan importante monumento histórico fueron afortunados, todos menos ocho que comenzaron a sufrir enfermedades raras, entre las cuales, una tuvo la explicación de un hongo mortal presente en las tumbas cerradas.

La idea se comenzó a esparcir por diferentes medios, popularizándose por Arthur Conan Doyle, autor de las novelas detectivescas de Sherlock Holmes.

Pero el rumor de la Maldición no terminó ahí, en las décadas de 1960 y 1970, algunas piezas del Museo Egipcio de El Cairo se trasladaron a diferentes exposiciones temporales y los directores del museo, murieron poco tiempo después de haber aprobado los traslados.

La última víctima atribuida a la maldición fue Ian McShane que murió en un accidente de coche durante la filmación de la película sobre la Maldición en los años ochenta.

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