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La muerte en el judaísmo

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Así como en México hay una cultura alrededor de la muerte, en diferentes tradiciones y religiones se abarca el tema de dejar ir a los seres queridos de modos distintos.

En otra ocasión ahondamos sobre el ritual de muerte hindú, Ngaben que se lleva a cabo en Balí, ahora presentaremos el modo judío de vivir un luto.

En realidad la vida presenta tragedias inevitables que uno como ser social tiene que vivir, la muerte es uno de los más fuertes y dolorosos, es por eso que las religiones otorgan una serie de procedimientos que uno como creyente debe de realizar.

En la religión judía, todo el proceso está dedicado a que el alma del muerto pueda subir en paz al cielo, aunque también es importante que el que se queda en vida obtenga paz interna al dejar ir a su ser querido.

Al proceso de luto se le llama Shiv`ah que significa en hebreo “siete”, por los siete días que dura. Éste parte del momento de la muerte del ser querido en el que sus parientes más cercanos, padre, madre, hijo, hija, hermano, hermana, esposo o esposa, tienen que obedecer el luto que comúnmente se le llama entrar en el estado de avel que significa en español, “doliente”. El primer día, los dolientes no comen su propia comida, lo que implica que alguien más les ayuda a cocinar los platos característicos conocidos como seudat havraah la comida de la condolencia que consta de huevo y lenteja.

Los dolientes obedecen un ritual en el que se acostumbra a romper sus ropas comúnmente blancas y deben permanecer con las mismas durante el período de los siete días, las mujeres usualmente no usan maquillaje y los hombres no se deben rasurar por un mes.

En la Shiv´ah los conocidos van a dar su pésame mientras los dolientes se sientan cerca del suelo para diferenciarse de los demás. Durante esos días se acostumbra a decir un rezo llamado Kaddish el cual tiene el “poder” de elevar el alma del muerto.

Este rezo se debe de decir por once meses y sólo los hombres tienen la obligación de enunciarlo.

También es necesario que el doliente vaya regresando de poco a poco a las reuniones sociales. Por ejemplo, hay algunas reglas que indican no escuchar música y no acudir a festejos.

Después de los once meses hay un día especial que conmemora el aniversario de la muerte del ser querido. Posteriormente, cada año se acude al templo para volver a enunciar este rezo. En realidad esta costumbre no es un mandamiento, es una tradición de un recordatorio anual de la tragedia.

En momentos dolorosos resulta apaciguador el saber que se debe de hacer algo, que la vida por unos días no sigue como si nada hubiera pasado.

 

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