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La Muerte en el mundo

Los mexicanos estamos acostumbrados a ver la muerte de una forma peculiar, extraña a los ojos del mundo, pues le hemos encontrado el sentido del humor. Para nosotros, La Flaca no es aterradora ni cruel, es una transición necesaria para todo hombre, y ya que es obligatoria, nos permitimos burlarnos un poco. Pero démonos una vuelta a otros lugares y entonces sabremos qué tan extrañas son nuestras costumbres.

En La India, la muerte es sinónimo de reencarnación y lejos de la tristeza, significa alegría y la apertura a una vida nueva, para purificar el Karma y ser merecedor del Nirvana. En la India, el difunto se lleva de camino al cementerio en hombros del cortejo, cubierto de ropas naranja y cubierto de flores brillantes. Son sumergidos en el Río Ganges para ser purificados antes de ser incinerados. Si el muerto es un hombre, corresponde al hijo mayor prender la pila de incineración, si es una mujer, corresponde al marido o al hijo menor. El doliente debe rasurar su cabeza y vestirse con túnicas blancas. Quienes no pueden pagar la incineración, son arrojados al Río de cuerpo completo al igual que las mujeres embarazadas, los niños, los enfermos de varicela y los leprosos, que por su condición ya se consideran puros.

Para los judíos, la muerte es todo un protocolario ritual. Cuando se sabe de la muerte de un familiar, sus hermanos, hijos, esposa o padres comienzan una semana de luto. En señal de duelo, rasgan sus ropas, mismas que llevarán puestas los siete días. Además, evitan sentarse en sillones o muebles. Los funerales o Shives se realizan en la casa de uno de ellos donde son visitados por familiares, amigos y Rabinos. Y es que el alma del difunto no viajará al más allá hasta no haber acabado las oraciones. Entonces podrá descansar en paz.

En los funerales de la India, no se admiten mujeres pues llorar es prohibido. Además, tiempos atrás se acostumbraba que la viuda fuera quemada viva junto con el marido, ya sea que ella, en su dolor, se arrojara al fuego, o que la familia del difunto, obligada a pagar su manutención, la empujara.

En el antiguo Egipto, la muerte era color roja, símbolo de sangre, ira, fuego y del desierto, a donde las almas eran exiliadas. Los difuntos eran momificados para asegurar la reencarnación, y sus órganos vaciados en vasijas sagradas. Además eran enterrados con objetos valiosos como oro y joyas. Actualmente, los egipcios suelen vestir de color naranja o amarillo para sus funerales, al igual que en Burma o Etiopía.

En China, los preparativos fúnebres comienzan cuando el difunto aún esta vivo. Las estatuas y deidades de la casa se cubren con papel rojo y se retiran los espejos. Si alguien ve un ataúd en el espejo, asegura una próxima muerte en la familia. Si el difunto se viste de color rojo se le convierte en un fantasma. Los velatorios se realizan en el lugar donde murió la persona, y el peine que usaba en vida se parte a la mitad, una para el difunto y la otra para la familia. El llanto de los conmovidos debe ser directamente proporcional a la fortuna que el fallecido deja. Durante el velorio, los invitados juegan juegos de azar en el patio, pues se cree que disminuye el dolor y se mantiene alerta para custodiar el cadáver.

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