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Las drogas como arma de guerra

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Resulta difícil de recordar, pero hasta hace no mucho, el consumo de drogas era una práctica culturalmente aceptada. Sabemos que su uso actual es principalmente con fines recreativos o medicinales, sin embargo, las drogas han estado presentes en los más oscuros episodios de la humanidad: las guerras.

El uso de drogas como arma de guerra no ha sido totalmente documentado, pero libros como “Der totale Rausch” (El éxtasis total), de Norman Ohler y Shooting Up, de Lukasz Kamienski, han ayudado a brindar mayor información del tema, además de traerlo de vuelta a la opinión pública.

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Pero, ¿cómo es que las drogas pueden ser usadas como arma de guerra? Bueno, la respuesta no es muy complicada; así como los estimulantes son utilizados por deportistas para aumentar su rendimiento físico, lo mismo sucede con las tropas.

Por ejemplo, los berserkers eran un un grupo de vikingos que acostumbraba utilizar hongos alucinógenos antes de entrar a combate, lo que les producía una increíble euforia, minimizaba el dolor y los hacía entrar en una especie de trance. Mordían sus escudos, clavaban sus hachas a todo lo que se les ponía enfrente, mientras sonreían y aullaban como animales salvajes.

Los romanos, por otro lado, ingerían mínimo un litro de vino al día para “infundir” valor a sus soldados y sí, la mayoría de las veces entraban a combate totalmente borrachos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi condenó públicamente el uso de drogas, pero bajo la mesa la situación era muy diferente. En primera, el mismo Führer era un fanático de la cocaína y se le ocurrió la brillante idea de contrarrestar sus efectos utilizando morfina, pero nada se compara con el masivo e indiscriminado uso del Pervitin por parte de sus soldados.

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Las llamadas “pastillas de asalto” eran una versión de metanfetamina que se utilizó por primera vez durante el ataque a Francia en 1940 hasta que se volvió ilegal un año después. Para el ejército, la distribución se mantuvo como secreto, pues aceleraba la producción de adrenalina, aumentaba la auto-confianza, además de reducir la sensibilidad al dolor y el hambre.

Pero el tema no termina ahí, los soldados británicos también tomaban speed antes de sus misiones, mismo que compartían con sus aliados estadounidenses.

Muchos años después, con la invención del LSD, el ejército norteamericano intentó utilizarlo como arma de guerra, realizando crueles experimentos con sujetos a lazar, a quienes se les suministraba la droga sin que se dieran cuenta, para luego seguirlos por días y documentar sus efectos.

Opio, alcohol, marihuana, tabaco, café, hongos alucinógenos, mezcalina, anfetaminas e incluso medicamentos de prescripción han sido destinados como potenciadores para que los soldados sean unas auténticas máquinas de guerra.

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Más recientemente, la Oficina de Drogas y Crimen de las Naciones Unidas (ONODC) obtuvo información sobre el uso de Captagon (un derivado de las anfetaminas) por parte de los combatientes de la Yihad y los propios rebeldes sirios. ¿La razón? Exactamente la misma: potencia la energía, la productividad, suprime el apetito y la sed y sus efectos duran hasta 12 horas seguidas.

Escalofriante, ¿no crees?

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