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Lo que quieres decir cuando dices

dedosSi por un momento nos detenemos a desmenuzar y evaluar nuestras conversaciones diarias, en ellas encontraremos frases y expresiones que irreflexivamente emergen de nuestra boca y nuestro cuerpo. Las hemos adaptado y retocado en base a nuestras circunstancias propias, sin saber muchas veces su significado original y sobre todo su procedencia. No sólo son frases que intentan ilustrar lo que se dice, es el conjunto de expresiones que dan sentido y que nos hacen viajar por el tiempo y el espacio a lugares desconocidos y remotos, donde alguna vez tuvieran un significado muy distinto al que hoy sirven. En esta ocasión traemos una colección de las frases que más usamos y cuyo origen resulta realmente sorprendente e inesperado.

  1. “Toca madera”. Aunque por sí sola, no nos dice nada, esta frase es una de las más antiguas y dos teorías intentan descifrar su origen. Se dice que la fuente de ésta expresión data de las supersticiones y costumbres paganas de los druidas y magos en Europa, quienes recurrían a la madera a modo de repeler malas vibraciones. Las antiguas civilizaciones adoraban divinidades naturales, y el árbol era uno de los elementos principales. Las personas dirigían sus plegarias a los seres superiores haciendo contacto con éstas divinidades, apoyando la mano derecha en la corteza del árbol. Pero también, esta famosa expresión hace referencia a la madera de la Santa Cruz, y a la veneración a las reliquias religiosas. Muchas iglesias aseguraban poseer al menos una astilla de los maderos en los que fuera crucificado Jesucristo, a fin de atraer fieles y por supuesto, una limosna.
  2. “Haz changuitos”. Es el hecho de cruzar los dedos a fin de justificar una posible mentira que se está diciendo en ese momento. Deriva de los esclavos negros en Norteamérica, quienes al llegar reformaron sus creencias paganas e idólatras para convertirse a la fe cristiana que ya estaba establecida en América. Estos esclavos eran obligados a actuar y decir lo estrictamente permitido, además de estar regularmente esposados, cuestión que físicamente también les impedía expresar su nueva fe. Entonces, apelaban a cruzar dos dedos en un intento por representar la forma de la cruz, e invocar a Dios al elevar sus oraciones.
  3. “Cuesta un ojo de la cara”. Imagina una escena donde Don Diego de Almagro llega finalmente al encuentro del Emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Germánico, como un triunfante conquistador del territorio sudamericano, hoy Chile. Don Diego habría dicho en aquella ocasiona a su soberano “defender los intereses de la Corona, me ha costado un ojo de la cara”, y no exageraba, pues durante el asedio a una fortaleza inca, el aventurero habría quedado en verdad tuerto.  Desde entonces, se utiliza para expresar que aunque se consiga el objetivo, el costo será altísimo.
  4. “Gato por liebre”. En el transcurso de la Edad Media en Europa, dado el tránsito de viajeros de un poblado a otro surgieron las posadas, lugares dónde alojarse, descansar y restaurarse de las fatigas del viaje, dormir y comer algo. Por obvias razones, las condiciones de higiene no eran las mejores ni tampoco se contaba con variedad gastronómica alguna, las carnes normalmente eran de dudosa procedencia. En la peor de las circunstancias se daba secretamente carne de gato en lugar de la liebre, pues son de consistencia similar. Los comensales oraban pidiendo: “Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta del plato”. Hoy, se utiliza para ejemplificar algún tipo de engaño.
  5. “Fumar la pipa de la paz”. Si escuchamos esta expresión, su significado es realmente obvio. Pero su origen es sorprendente pues se refiere a los mecanismos para alcanzar acuerdos entre personas, en un hecho simbólico. Literalmente, fumar la pipa de la paz era una costumbre en las tribus norteamericanas, utilizando una caña llamada calumet. En las reuniones concejales de las tribus, esta ceremonia era celebrada con frecuencia para cerrar acuerdos entre personas o grupos, e incluso entablar lazos con divinidades. Hoy se refiere al acto de revalidar una relación que pudo haber estado afectada negativamente.
  6. “Gato encerrado”. Tal vez hasta ahora, que leemos detenidamente, nos percatamos de lo absurdo que pueda sonar esta expresión, pues apela a algo desconocido, como una pieza faltante para aclarar una realidad. La expresión surge aproximadamente en los años 1500 con el uso común de la piel de gato para la fabricación de bolsas, mismas que se utilizaban para guardar dinero, joyas o cualquier objeto de valor. Y es que no se trataba en específico de un felino oculto en la habitación, sino la misma piel del animal la que guardaba el tesoro. De este modo, cuando un ladrón invadía una casa o establecimiento, buscaba precisamente lo que encerraba la piel de gato. Su significado se ve hoy alterado, aunque refiere a un tesoro, que bien puede ser una verdad, oculto y necesario para resolver una situación.
  7. “La tercera es la vencida”. Tal como sucede con otros dichos o expresiones populares, en esta ocasión también se cuentan con tres hipótesis sobre su origen. La primera viaja siglos atrás, en las luchas grecorromanas cuya regla principal para marcar el fin de la pelea, era precisamente la tercera caída del oponente. La segunda indica las tres líneas sucesivas de combate del ejército Romano, cuya última línea estaba integrada por los soldados y combatientes más distinguidos y sagaces. La tercera, y la vencida, señala que en los siglos XVI y XVII, la ley y el derecho civiles marcaban la ejecución si una persona cometía robo en tres ocasiones.
  8. “Las paredes oyen”. Y no es que tengan orejas. Esta advertencia alerta a los interlocutores de una conversación importante sobre posibles oyentes cercanos. Se dice que la reina francesa Catalina de Médici, ordenó taladrar discretamente los muros de Palacio Real creando un sistema de vigilancia entre las habitaciones, para escuchar información comprometedora.
  9. “Lágrimas de cocodrilo”. No, no es el cocodrilo un sentimental animalito de la creación, sin embargo sí ejemplifica el cinismo. Los cocodrilos y lagartos, al devorar a sus presas fuera del agua, secretan una sustancia acuosa que mantiene sus ojos húmedos; sus glándulas salivales y lacrimales están prácticamente juntas, estimulándose mutuamente. Entonces, mientras come, el animal llora aunque no lo hace por lástima, ni tampoco por hipocresía. Y sin embargo, se utiliza esta expresión para señalar la insolencia en aquellos que sufren mientras perjudican al prójimo.
  10. “En camisa de once varas”: Esta expresión se remonta nuevamente a la Edad Media en Europa, hacia los hospicios y viviendas de adopción de niños. Entonces, existía una singular práctica donde el padre que quisiera adoptar, debía introducir al pequeño adoptado dentro de la manga holgada de una camisa para sacarlo finalmente por el orificio del cuello o la cabeza. Una vez realizado este procedimiento, se daba por aceptada la paternidad, pacto sellado con un tierno beso en la frente. Pero ¿y la vara?, de hecho se trataba de una barra de madera con la que se medía la camisa. Hoy, esta expresión se aplica a la advertencia sobre las complicaciones o problemáticas de una situación.
  11. “Me lo contó un pajarito”. Aunque hoy, esto bien puede significar lo que leímos en Twitter hace unos minutos, se usa para no revelar la fuente de la información. Y sin embargo, esta remota expresión no contempla al pajarillo del internet, ni una ballena ni nada por el estilo. Las aves han gozado siempre del concepto iluminador, como portadoras de la inteligencia y de las noticias, buenas o malas. En la historia, en la Biblia y en la literatura clásica, se encuentran diferentes exponentes del caso, como la paloma que llevara a Noé una rama de olivo, como prueba de que las aguas ya no eran peligrosas. También tenemos al Espíritu Santo, encarnado en la paloma de la paz. Además, durante siglos fueron utilizadas las palomas mensajeras para el envío de información y el acceso a las novedades.
  12. “Las manos al fuego”. Hoy la utilizamos sin ningún pudor y muy metafóricamente, pues pocos de nosotros realmente estaríamos dispuestos a meter las manos al fuego por ningún motivo. Hoy es sólo un decir que demuestra la convicción total sobre algo. Se remonta a los pueblos germanos y bárbaros, en un rito pagano llamado Ordalía o El Juicio de Dios. El procedimiento, que intentaba determinar la culpabilidad o inocencia, consistía en la exposición de las manos del indiciado; si éste resultaba ileso o con pocas quemaduras, se le declaraba inocente. Si, por el contrario, el fuego causaba llagas graves y heridas serias, era señal divina y clara de culpa.

 

Aunque hoy gocen de un significado distinto, los dichos, los refranes, proverbios y expresiones, son parte trascendental de uno de los tesoros más selectos y preciados del hombre, la lengua. Todos los idiomas, todas las culturas, contienen dentro del complejo universo que son las palabras, ciertas combinaciones casi perfectas. Y aunque no es necesario, sí podríamos las manos al fuego por la protección de éste tesoro. Aunque cueste un ojo de la cara, debemos seguirles el rastro, conocer su pasado, arraigarlas en el presente y asegurarles el futuro. A pesar de que hoy el pajarito sea un gráfico azul turquesa y diga mucho, es importante conservar estos viejos dichos como reliquias de nuestra historia, pues son resultado de lo que fuimos, prueba de lo que hoy somos. ¡Toco madera que pudieran perderse!

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