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Los ojos de la agonía

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Posiblemente existan fotos de mayor importancia e impacto en la historia de la humanidad, pero es imposible no sentir un nudo en la garganta cuando se mira la imagen de arriba.

En 1985 el volcán Nevado de Ruiz sacudió la vida de los colombianos, hasta el día de hoy, la erupción del volcán es considerada como la peor catástrofe de la historia de Colombia. Más de 800 personas resultaron heridas y cerca de 25 mil fallecieron durante el brutal fenómeno.

El fotógrafo Frank Fournier fue de aquellos periodistas que se desplazaron al lugar, cuando llegó al poblado de Armero, un campesino le comentó sobre una pequeña niña que necesitaba ayuda.

“Cuando llegué al sitio ella estaba casi sola, algunas pocas personas la rodeaban, sin embargo los bomberos asistían a otra persona a un poco más de distancia de allí. Estaba dentro de un pozo grande, atrapada de la cintura para abajo por concreto y otros escombros de las casas que fueron devastadas. Ya había aguantado tres días en esta situación, estaba adolorida y muy confundida”, comentó Fournier.

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La niña, de nombre Omayra Sánchez, tenía 13 años y se mantuvo con vida por 60 horas, siempre luchando por salvar su vida. La agonía de la pequeña fue un momento interesante dentro del fenómeno de la globalización, pues su duelo entre la vida y la muerte fue transmitido en tiempo real por diferentes cámaras alrededor del mundo.

Según las historias, cuando los reporteros llegaron le colocaron un trozo de madera para tratar de darle un poco de consuelo. El reportero de la cadena BBC dijo que en determinado momento la niña soltó un “¡Ai…!” que le causo escalofríos a todos.

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Los bomberos hicieron varios intentos por salvar su vida, pero la tarea era demasiada complicada, pues si intentaban simplemente jalarla de los brazos ella podía perder las piernas o en el peor de los casos, destrozar toda su columna. Los bomberos solicitaron una bomba para drenar el agua y así poder retirar el material de construcción que tenía atrapado su cuerpo, pero la ayuda jamás llegó.

“Resiste niña, te prometemos que te vamos a sacar de aquí”, le decían los bomberos, a lo que ella respondía: “Vayan a descansar un poco y vuelvan después para sacarme”. Cuando llegó el tercer día, a la 1:00 am, Omayra comenzó a delirar. Para las tres de la mañana la niña comentó que el Señor la estaba esperando. Pocos minutos después la pequeña había perdido la vida.

No hay una tumba específica para Omayra, fue sepultada en el mismo lugar donde murió porque de retirar el cuerpo, tendrían que haberle cortado las piernas, decisión que su madre no apoyó.

La famosa imagen de Omayra conmovió al mundo. La integridad y serenidad para enfrentar una situación así de difícil la han hecho merecedora de admiración y es recordada como una pequeña heroína de nuestros días.

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