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Los rarámuris, “los hombres de los pies alados”

raramurisEl paisaje de la sierra montañosa de Tarahumara es el lugar que aloja a una de las culturas antiguas de México. En un lugar de riscos escarpados, enormes montañas y cañadas profundas, los rarámuris siguen viviendo de la misma manera que lo hacían hace 3,000 años, fue hasta 1606 que los primeros jesuitas tuvieron contacto con los habitantes de la Sierra. 

Hombres de estatura mediana, con grandes músculos, de piel oscura y cabello negro, grueso y brillante, son hombres de hierro. Las mujeres tienen el rostro ovalado, con piel tersa y morena, son misteriosos y dignos. Se visten con ropa de manta blanca o de colores en seda. Usan taparrabo y las mujeres una falda plegada desde la cintura. Aunque la mayoría anda descalzos, algunos usan huaraches.

Los tarahumaras o rarámuris siembran maíz o frijol y todo lo comparten por ser parte del territorio. Se reparten los bienes por igual y cada quién desempeña un trabajo y una responsabilidad.
Su gobierno se elige con democracia, entre todos escogen a un gobernador que se destaque por su inteligencia y autoridad moral. El elegido tiene ayudantes que atienden a las diferentes regiones, pues a pesar de estar a grandes distancias, los grupos están integrados y comunicados.

Su lengua es uno de sus atributos más bellos y valiosos, pues utilizan las metáforas en su lenguaje común. No tienen palabras ni actos agresivos. Por ejemplo, “te saludo con la paloma que gorjea, te deseo salud y felicidad con los tuyos”.

Tienen diferentes ritos ancestrales, entre los que incluye la bendición del “peyote” guiada por chamanes. Además tienen bailes dedicados al Sol, a la Luna y a las estrellas. Su coreografías hacen mandales y una de sus danzas más bellas es el “Yúmare” que se baila por mujeres.

Hay muchas personas que vienen de todo el mundo para conocer y vivir la experiencia de la sierra y estar cerca de los rarámuris.

Hay algunos datos curiosos acerca de la cultura, como la costumbre de no regañar a sus hijos, pues desde pequeños les dan responsabilidades importantes con los animales y la naturaleza. El padre usa un término distinto para referirse a su hijo que le llama Nolá y a su hija que llama Malá.

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