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Mortalmente Atómico

bombaA las 8:15 de la mañana del lunes 6 de agosto de 1945, la bomba atómica Little Boy caía sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Al alcanzar su destino de 1900 pies, la bomba explotó creando un gigantesco hongo radioactivo y luminoso que en segundos destruyo todo a su paso. La ciudad se cubrió de humo y fuego y los edificios que enmarcaba el horizonte se convirtieron en ruinas. Los pocos sobrevivientes parecían pedazos de carbón viviente, quemados y mutilados por el fuego que había destruido todo rastro de humanidad. En ellos, 70,000 hombres y mujeres murieron en un instante y 70,000 más murieron en los 5 años siguientes a causa de la radiación.
La bomba atómica fue desarrollada en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial gracias al Proyecto Manhattan. El arma de destrucción masiva fue utilizada contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, y desde entonces, después de ver sus efectos devastadores, ninguna otra nación ha hecho uso de su mortal poder. Obtiene su poder explosivo de una reacción en cadena y descontrolada que se libera cuando su núcleo de uranio o plutonio se divide en dos núcleos más pequeños y entra en contacto con neutrones libres, produciendo diferentes efectos destructivos y fatales. Imagina haber sido testigo de ello.
Si tú y tu familia hubieran estado ahí esa mañana del 6 de agosto, lo primero que habrían visto hubiera sido un intenso destello de luz, seguido de un gigantesco hongo de humo y fuego. A partir de este instante tendrían pocos segundos para reaccionar, pero no habría lugar donde pudieran protegerse de la mortífera reacción recién liberada. Segundos después del estallido llegaría la fuerza de la onda expansiva, avanzando a la velocidad del sonido y destruyendo todo a su paso. A 20 kilómetros a la redonda nada quedaría en pie; los escombros, el fuego y el polvo cubrirían las calles por donde hace tan sólo unos segundos, la gente transitaba en su camino hacia sus escuelas y oficinas. En este momento, la mayoría de la gente que conocías ya no existe, los lugares que visitabas todos los días son ruinas, pedazos de piedra y metal fundidos por el fuego. En la zona cero no habría nada más que un gran hueco en donde antes habían casas.
Los pocos que hayan sobrevivido estarían marcados por el fuego, pues además de la onda expansiva, la explosión causó un pulso térmico, elevando la temperatura y provocando la combustión de cualquier material inflamable, incluyendo el oxígeno que respiramos. A partir de este momento, el ambiente sería altamente toxico, la radiación ionizante liberada durante el estallido mataría en cuestión de días, a todo ser vivo que hubiera estado a 15 km a la redonda, y dejaría la tierra totalmente infértil y contaminada. Cualquier rastro de vida ha sido eliminado, la lluvia se ha vuelto acida y la superficie de la tierra está cubierta por polvo y material radioactivo. A tan sólo unas semanas, quienes aún este vivos presentarían síntomas de envenenamiento por radiación, sed intensa, náuseas y fiebre, hemorragias subcutáneas, diarrea, pérdida de cabello y hemorragias en el intestino, llegando por fin lenta y dolorosamente a la muerte.
Para finales de 1945 las bombas liberadas en Hiroshima y Nagasaki, habían matado a 210,000 personas y durante los siguientes 30 años se seguirían viendo los efectos de la radiación. En este tiempo ya habrán reconstruido la ciudad y quitado los escombros y ruinas, pero las próximas generaciones seguirán siendo víctimas de la radiación, desarrollando enfermedades genéticas y cánceres, y la tierra donde antes habitaban plantas, sería ahora estéril e inservible.
A partir de ese terrible día y durante todos los años habrán memoriales y recordará el aniversario y las vidas perdidas. Habrá documentales y películas, pero esto no cambiaría nada, el daño ya está hecho y la bomba atómica ha pasado a la historia como uno de los grandes errores de la humanidad.
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